Lleno en Las Ventas el sábado día 12. Se lidiaron 6 toros de Hernández Pla, blandos y deslucidos, correctos de presentación, se salvó el 4º.
Oscar Higares de grosella y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, estocada delantera (pitos)
Javier Vázquez de blanco y oro. Estocada (palmas). En el quinto, tres pinchazos, estocada y tres descabellos (silencio)
Alberto Elvira de rosa palo y oro. Pinchazo, estocada caída, estocada y cuatro descabellos (silencio). En el sexto, media estocada y tres descabellos (silencio).
El tedio se adueñó de los tendidos durante toda la tarde. Cuando los animales que saltan al ruedo no ofrecen la más mínima posibilidad de lucimiento, las ilusiones de los toreros y los aficionados se transforman en decepción.
No tuvo suerte Oscar Higares con el enemigo que le correspondió para inaugurar la edición 2001 de la feria de San Isidro.Un cárdeno blando y deslucido al que era imposible sacar un muletazo. Conseguir que se moviera el animal ya tenía mérito. Sólo se puede destacar la estocada, tal vez algo tendida, con la que Higares remató su voluntariosa, pero imposible labor.
El segundo de la tarde, al igual que su hermano, salió distraído. Tras un largo tercio de varas -más por la tendencia del cornúpeta a ir al caballo que por que empujara en el mismo- Javier Vázquez intentó el lucimiento al natural pero, tras un par de tandas templadas, el de Hernández Pla descompuso su embestida. El innecesario aviso sonó porque el toro se amorcilló en las tablas tras una buena estocada del torero de Chamberí.
Tan deslucido como sus hermanos fue el tercero de la tarde. Un bonito cárdeno blanco totalmente descastado y manso. Un buey que se paseaba por el ruedo a su aire y que al final se volvió incómodo y peligroso para el matador. Tal vez Alberto Elvira acusó la inactividad con el estoque y necesitó de varias tentativas para acabar con el “regalo”.
A la verónica recibió Higares al cuarto, un toro que por momentos pareció podría haber cambiado el rumbo de la tarde. Tras un buen quite por chicuelinas de Javier Vázquez, Oscar Higares intentó el lucimiento en la muleta. Pero, entre que el toro se acabó rápido y el público no estaba por la labor de dejar hacer al torero, el acoplamiento fue imposible. Se nos antoja excesiva la ovación que el público dio al toro en el arrastre e injustos los pitos al matador.
Nada pudo hacer Javier Vázquez con el que hizo quinto. Los amantes del refranero se equivocaron, el quinto fue horroroso. Aunque Javier Vázquez lo intentó por ambos pitones, el lucimiento era imposible con el mulo de Hernández Pla. Se atascó el matador con los aceros y le sonó un aviso antes de que acertara a acabar con el bovino.
El sexto, que por lo menos apuntaba cierta movilidad, se acabó contra el peto del caballo, y no precisamente porque recibiera mucho castigo de la puya, ya que el picador ni siquiera le hizo sangre. A partir de ahí las ganas de agradar de Alberto Elvira se diluyeron por la falta de colaboración de su enemigo. No adivinamos la razón por la que algunos aficionados aplaudieron al toro en el arrastre.

Cuando el triunfo se hace imposible
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