La ley fiscal aprobada por el Congreso de Estados Unidos representa una gran victoria para el presidente Bush, que podrá firmar la pieza clave de su programa electoral antes de los seis meses de llegar a la Casa Blanca. Conseguir un acuerdo presupuestario es difícil siempre, pero más aún cuando contiene los recortes fiscales más amplios de los últimos 20 años y las dos cámaras del Congreso están repartidas casi por un igual entre los dos partidos. En este caso, no sólo se ha aprobado el marco presupuestario en cuatro meses, sino que la versión final es muy próxima a la iniciativa de Bush: la reducción de 1,35 billones de dólares está cerca de los 1,6 que Bush quería, más del triple de lo que el Partido Demócrata aceptaba el año pasado y el doble de lo que propuso inmediatamente después de las elecciones.
Aunque Bush ha hecho concesiones con la rebaja del porcentaje impositivo máximo del 39,6 al 35%, ha impuesto su criterio de devolver los impuestos a quienes los pagan, por encima de las quejas demócratas que esto equivale a "ayudar a los ricos" y señalan lo obvio, que en una reducción porcentual los más beneficiados son los más ricos. Bush no niega que el 1% superior se lleva el 38% de la devolución fiscal y el 60% inferior se ha de conformar con el 15%, pero su propuesta simplemente trata de repartir cargas en vez de redistribuir riqueza y el 1% más rico del país paga mucho más que el 38% de los impuestos mientras que los más pobres no pueden tener desgravaciones porque no pagan nada.
Aunque Bush ha tenido un apoyo relativamente amplio, pues 28 demócratas en la Cámara de Representantes y 9 en el Senado le dieron su voto y tan sólo un republicano se opuso, no habría llegado ni tan lejos ni tan deprisa sin la mayoría senatorial, que ya no tendrá a partir de la próxima semana. En cuanto Bush firme la ley este lunes, el senador por Vermont, James Jeffords, abandonará oficialmente el partido republicano y votará por un demócrata para liderar el Senado.
A partir de aquí, el camino irá cuesta arriba, especialmente por lo que se refiere a los nombramientos para cargos que necesitan confirmación legislativa. Algunos demócratas paladean ya el momento en que consigan bloquear las iniciativas de Bush, traten de anular la ley fiscal recién aprobada o rechacen sus nombramientos para la rama judicial, donde no quieren en modo alguno aceptar jueces conservadores.
Bush tendrá que apelar directamente a un electorado dividido y su éxito dependerá, en buena parte, de las consecuencias de la ley que él ha inspirado y se acaba de aprobar. Si las 60.000 pesetas que cada contribuyente recibirá este verano, o las casi 600.000 adicionales que se pueden dedicar a fondos de pensiones estimulan la economía o producen una nueva alza en Wall Street, el electorado preferirá escuchar el optimismo de Bush que los lamentos demócratas.
Si, por el contrario, los 55 mil millones de dólares que Hacienda repartirá antes de acabar el año no reactivan el consumo y las bolsas, Bush tendrá poca fuerza para acusar a los demócratas de obstruccionismo y ayudar a sus correligionarios a recuperar el Senado y mantener la Cámara en manos republicanas.

¿La última victoria?
En Portada
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj