La convulsa reunión del grupo socialista a costa de la propuesta del nuevo IRPF ha destapado el enfrentamiento soterrado que bulle en el PSOE. Se ha acabado la tregua. Es evidente, por si alguien lo había dudado, que la actual dirección no es portadora de un cheque en blanco. Este martes se lo han hecho saber con el rechazo público a una iniciativa que, objetivamente, supone una reacción y una alternativa al PP.
Los contestatarios se destapan. Los habituales, los “guerristas” ya no hablan con sordina, como hasta ahora. Pero también hay otros, los que apoyaron una renovación que no ven por ningún sitio, que tocan a rebato. Unos no pueden digerir los elogios de Juan Fernando López Aguilar al Ministro Acebes por el acuerdo alcanzado para la reforma de la Justicia, otros no soportan que Zapatero esté, “cada dos por tres, en casa de González”.
Un Borrell con la pata quebrada, que no amordazado, le ha espetado a Sevilla y a Zapatero que su propuesta no le parece “seria, ni en la forma ni en el contenido” y le provoca “irritación”. Ha preguntado en varias ocasiones “cuál es la ventaja”, sin acabar de comprender las explicaciones de Sevilla. La conclusión de quien creó la Agencia Tributaria es que obedece al gusto por lo nuevo de la actual ejecutiva. Enfrente, el autor, Jordi Sevilla, contesta que otras directivas socialistas se quedaron de brazos cruzados cuando el PP presentó su reforma del IRPF. Mucho rencor.

Puro rencor
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