Tres cuartos de entrada en la Monumental de Las Ventas para asistir al tradicional festejo de la Beneficencia. Se lidiaron 6 toros de Victorino Martín, bien presentados, blandearon algunos y dieron juego desigual. Destacó el bravo cuarto.
Luis Miguel Encabo, de verde manzana y oro. Pinchazo hondo y media estocada (saludos desde el tercio). En el cuarto, “meteysaca” (saludos desde el tercio).
Albero Ramírez, de lila y oro. Dos pinchazos, estocada y tres descabellos (silencio). En el quinto, media estocada y tres descabellos (silencio).
Rafael de Julia, de berenjena y oro. Pinchazo y estocada casi entera (silencio). En el sexto, estocada (palmas de despedida).
No se llenó la plaza para asistir a la tradicional corrida de la Beneficencia... Y fue una pena. El que, desde siempre, ha sido considerado como el más importante festejo de toda la temporada en Madrid, con el que soñaban todas las figuras, pareció un cartel de relleno de cualquier feria. Sólo la presencia de Don Juan Carlos y la plaza adornada nos recordaban la trascendencia que tenía el compromiso para los tres valientes que dieron el paso adelante de anunciarse en esta corrida.
Mucho alabamos en la recién terminada Feria de San Isidro la torería y el conocimiento del oficio de Luis Miguel Encabo; otra vez derrochó empaque torero este jueves, pero, además, demostró que cualquier día de estos puede formar un lío monumental y ponerse en figura del toreo. Pudo haber llegado ese momento en el cuarto de la tarde, lástima que molestó mucho el viento y el victorino, que fue bravo y tuvo nobleza, desarrolló sentido pronto. Ya en el saludo a este ejemplar se lució Encabo a la verónica y entusiasmó a los tendidos al banderillear con mucho riesgo. Con la muleta empezó muy decidido por bajo y enseguida se la echó a la diestra para torear. Mucha emoción tuvieron dos series iniciales por este pitón, ya que el animal rebañaba y el torero no movía los pies del suelo. Por la izquierda pareció que el toro iba más largo, pero tuvo el diestro el problema del viento; aunque no terminó de acoplarse, sí hubo algún natural limpio que caló en los tendidos. De vuelta a la derecha, exprimió el de Alcalá al victorino, que ya había apuntado peligro, hasta casi resultar cogido. Lástima que se le fue la espada a los bajos porque la emoción que tuvo todo lo que hizo ante el encastado animal pudo haberle valido una oreja. En el primero también puso en pie a la plaza Encabo con las banderillas. Luego, en la muleta, el burel fue muy deslucido. Por el pitón derecho se colaba con mucho peligro y por el izquierdo, que no tomaba mal el engaño, tuvo el problema de perder las manos cuando el diestro le obligaba. Dejó el madrileño algunos destellos de buen toreo y, a pesar de un pinchazo saludó desde el tercio.
Buena impresión dejó también Alberto Ramírez en su segunda comparecencia en Madrid. El segundo de la tarde embestía con nobleza pero sin emplearse por el pitón derecho, por este lado Ramírez templó bien las embestidas en un notable comienzo de faena, pero después tuvo el problema del viento que le descubría constantemente. Por la izquierda porfió el castellonense pero por ahí el victorino no se tragaba ni un pase. Se atascó con los aceros y el público silenció su labor. En el quinto, Alberto Ramírez, estaba mostrando sus ganas de ser torero intentando sacar algo positivo del soso animal, cuando, al primer descuido del de Castellón, llegó una horrible voltereta. Afortunadamente pudo matar al animal y aunque pasó a la enfermería no pareció que tuviera ninguna lesión de gravedad.
Mucho se jugaba Rafael de Julia en su pronta vuelta a Madrid después de haber triunfado en San Isidro. Aunque no consiguiera el triunfo hay que reconocerle el gesto de anunciarse en este compromiso con esa ganadería. En el tercero, aunque tardó en centrarse, destacó algún derechazo de buen trazo y por la izquierda chocó contra el viento que no le dejó acoplarse. Sólo en una serie final, ayudado por la espada, hubo cierta limpieza y largura. En el sexto, con dos leños de impresión, sólo pudo mostrar ganas de agradar ya que el animal, además de desarrollar sentido, doblaba las manos cuando le bajaban la muleta. Mató de buena estocada y fue despedido con palmas.

Encabo rozó el triunfo
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