Hace un par de años, la televisión española entrevistó a un alto oficial de la policía rusa. Por el momento, dijo este profesional, los delincuentes procedentes de los países de la antigua Unión Soviética y conocidos como “mafia rusa”, a pesar de su pertenencia a diferentes etnias, no causan muchos problemas en España. Vienen para divertirse y hacer compras, invierten en apartamentos y casas en la playa. Pero la situación puede cambiar, especialmente si el gobierno ruso o cualquier otro de la antigua URSS toma medidas rigurosas contra estos delincuentes. Emigrarán a España y la convertirán en el campo de sus actividades.
Fue una profecía. Hoy en día, por ejemplo, el presidente ruso, Vladímir Putin, aprieta los tornillos, lo que obliga a muchos delincuentes a preparar las maletas. En algunos países como Estados Unidos, Alemania, Chipre o Grecia las actividades criminales de la “mafia rusa” son ya una realidad, una parte de la vida cotidiana, una constante preocupación para la Policía. Porque no es un grupo criminal cualquiera. Estos mafiosos no se limitan a actuar entre sus compatriotas como la mafia china. Son mucho más crueles que los marroquíes o albaneses y están mejor armados que cualquier grupo delictivo de Europa. Además tienen una férrea disciplina militar. No es de extrañar, ya que muchos de ellos son antiguos militares, agentes secretos y policías. No piensan mucho antes de acuchillar o disparar.
El primer aviso de que los mafiosos de la antigua URSS ya están actuando en España fue la detención, el pasado mes de febrero en Barcelona, de dos asesinos de la mafia moscovita “Orejovskaya”, Serguey Butorin y Marat Polianski. Hasta en el club de alterne donde les cogieron llevaban armas automáticas con la bala en la recámara. Estaban listos para disparar.
En seguida apareció otra noticia alarmante: dos jóvenes rusos mataron a un taxista en Sevilla para hacerse con 7.000 pesetas que tenía en su bolsillo. Desde entonces, los medios no paran de informarnos de los desmanes de la “mafia rusa” en España: de unas redes de prostitución en la costa levantina en las que a las mujeres las tratan peor que a los animales; de redes de trabajadores-esclavos que tienen que entregar a los mafiosos más de la mitad de lo que ganan; y, sobre todo, del blanqueo del dinero, muy sucio, procedente de las actividades criminales en los países de la antigua Unión Soviética.
Pero lo sucedido últimamente ya pasa del castaño oscuro. Tenemos estos días tres cadáveres: dos de prostitutas rusas encontrados en Salou, y uno del abogado español Arturo Castillo, asesinado en su propia casa de Pozuelo. Resulta que el asesino de este último, un individuo llamado Piotr Arkán, es un viejo conocido de la justicia española que manifestó hacia él una tolerancia muy difícil de explicar.
La misma “tolerancia”, al parecer, fue manifestada hacia otro mafioso conocido como Leonid Minin y considerado el mayor traficante de armas a los países africanos. Este delincuente, tras haber dirigido su macabro negocio desde Ibiza durante por lo menos cinco años, fue detenido en… Italia.
¿No será la hora de invitar algún amigo policía ruso a España, ofrecerle algo de vino y jamón –que tanto gusta a los rusos– para que enseñe a sus colegas cómo tratar a los delincuentes procedentes del Este?

¡Cuidado con la mafia rusa!
En Portada
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj