Lleno hasta la bandera en Pamplona para la séptima de feria. Se lidiaron 6 toros de Santiago Domecq, bien presentados, de juego desigual, blandos en general. Nobles con matices, primero, segundo y sexto, complicados tercero, cuarto y quinto.
Morante de la Puebla. Media estocada y un descabello (silencio). Pinchazo, media estocada y un descabello (saludos desde el tercio)
Eugenio de Mora. Pinchazo y estocada (saludos desde el tercio). Pinchazo y estocada baja (palmas)
J. López “El Juli”. Media estocada y descabello (oreja y vuelta al ruedo). Gran estocada (dos orejas, vuelta al ruedo en hombros y salida por la puerta grande)
Estaba la plaza guardando un minuto de silencio e irrumpieron los pamplonicas en una gran ovación cuando algún mal nacido quiso boicotear el bonito gesto quebrando el aire con sus silbidos. Menos mal que salió El Juli al ruedo y no dejó más opción a los tendidos que el aplauso. Estuvo la plaza volcada y el prodigio les correspondió empleándose en todas las suertes, entrando siempre al quite y banderilleando con riesgo. Tanto, que casi resulta prendido al poner el último par al que cerraba plaza. Luego, con la muleta en la mano, salió Julián muy decidido y derrochó temple por ambos pitones, llevando larga y sin un solo enganchón la rebrincada embestida del morlaco. Importante de verdad la faena del prodigio en este toro, una auténtica demostración de maestría y conocimiento de los toros. Largos y ligados los derechazos, inmensos los naturales. Consciente del triunfo que tenía al alcance de la mano, se volcó El Juli sobre el morrillo y cobró un espadazo que descerrojó la puerta grande. Ya en el tercero, después de brindar al público se puso El Juli sin más probaturas a dar estatuarios en los medios. Después empezó el toro a pegar tornillazos por el pitón derecho que impidieron el acoplamiento del torero. Por la izquierda, templó muy bien Julián la violenta embestida del morlaco y consiguió dos buenas tandas de naturales. Mató de media estocada y descabello después de los adornos de rigor y el respetable le premió con una oreja.
Aún no entendemos qué fue lo que le vio el inepto que se sentaba en el palco al primero para no devolverlo a pesar de su evidente invalidez. No vimos torear a Morante en este toro y nos tuvimos que conformar con verle manejar los engaños con suavidad en una cuidadosa labor de enfermero. En el cuarto estaba la plaza con el bocadillo en la mano y, por la blandura del animal, tampoco encontraron motivos para dejar de masticar y pronunciar algún olé. Estuvo aseado Morante con el animal y consiguió algún muletazo suelto, aunque le faltó continuidad por la falta de repetición en la embestida del Domecq. No estuvo afortunado el de La Puebla con los aceros pero el público supo reconocer su disposición con una fuerte ovación.
Tampoco andaba sobrado de fuerzas el que salió en segundo lugar al albero, aunque tenía cierta nobleza y fijeza en los engaños que de Mora quiso aprovechar sacándoselo enseguida a los medios. Tras un par de series por la derecha que no dijeron gran cosa, cogió la zurda el toledano y por ahí instrumentó tres tandas con temple y empaque que fueron lo mejor de su labor. Los pases de pecho, como siempre, de pitón a rabo. Consiguió un estoconazo al segundo intento y el público le ovacionó en el tercio. No tuvo opciones Eugenio de Mora en el quinto de la tarde. El burel, topando y a la defensiva no quiso tragarse ni un muletazo. Ante esas expectativas tiró el toledano por la calle del medio y despachó al marrajo con una estocada baja al segundo intento.

El Juli rompe la puerta grande
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