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La cuerda floja cubana

El presidente Bush ha tomado todas las precauciones posibles para aplacar la indignación de los exiliados cubanos si, como es probable, decide continuar la política de Bill Clinton en la aplicación de la ley Helms Burton.

Aunque los cubanos son ya una minoría dentro de la población hispana de EEUU, Bush no quiere perder a un buen aliado cuyos votos en la Florida el pasado noviembre le abrieron las puertas de la Casa Blanca, pero le es difícil satisfacer la exigencia de demandar a las empresas extranjeras que invierten en propiedades norteamericanas confiscadas por el gobierno cubano.

Esta posibilidad es el capítulo 3 de la ley Helms-Burton que los presidentes tienen la opción de suspender por plazos de seis meses. Clinton renovó estas suspensiones repetidamente para no envenenar las relaciones con Europa y argumentó que de esta forma conseguiría cooperación extranjera para fomentar la democracia en Cuba y todo parece indicar que Bush hará lo mismo.

Para compensarlo, Bush propone aumentar la presión sobre Cuba por varios medios: reforzar las señales de Radio y TV Martí para que Castro no pueda interferirlas, dar más ayudas a los disidentes y dejar de tolerar el turismo norteamericano en Cuba. Parece ser que el gobierno perseguirá ahora a quienes burlaron la prohibición de gastar dinero en Cuba y eligieron para broncearse las playas de Varadero. Además, no sólo pone al frente de las transmisiones Martí a Cuba a una persona a gusto del exilio, sino que ha nombrado a un cubano como secretario de estado adjunto para Iberoamérica y tendrá dos cubanos más en puestos gubernamentales altos.

Esta vez, las críticas llueven del sector demócrata, donde el congresista de origen cubano Bob Menéndez denuncia estos gestos como “palabrería” y exige la aplicación total de la Helms-Burton. Afortunadamente para Bush, Menéndez representa a Nueva Jersey, un estado de mayorías demócratas en que no tiene mucho que perder, mientras los congresistas republicanos, más dispuestos a aceptar el compromiso, están en el estado clave de la Florida donde cuenta además con el apoyo fraterno del gobernador del estado, Jeb Bush.

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