Más de uno, de dos y de tres estarán pensando que esto de la crisis de Gobierno que –dicen– el presidente Aznar prepara para el otoño es fruto de la ausencia de noticias típica del mes de agosto. En principio, esa afirmación podría tener cierto fundamento. Pero escuchando al presidente, el pasado lunes en Palma de Mallorca, tras la audiencia veraniega con el Rey, el llamado "calentón mediático" tiene consistencia. Presenta visos de certeza por dos motivos: la difusa y esquiva respuesta del presidente, y que, objetivamente, este Gobierno necesita un fuerte "meneo".
Aznar habla de nuevos proyectos para el otoño. Pero dichos proyectos del Gobierno ya son de sobra conocidos. El único resquicio que queda para la novedad es el de los nombres. Es decir, los ejecutores de esos proyectos, en definitiva, los miembros del Ejecutivo.
Ha sido el propio presidente del Gobierno quién ha dejado la puerta abierta para las quinielas y las listas. El propio Aznar es quién no ha dado carpetazo a esta cuestión. Por algo será.
Ciertamente, han empezado a circular decenas de nombres y cambios. Hay muchas posibilidades. Algunos suben, otros bajan. Algunos desaparecen, otros adquieren mayor poder. Aznar permite el "pedaleo veraniego", pero no suelta prenda. La experiencia nos dice a todos que con este presidente, en esto de los cambios, nunca se acierta. Juega al despiste y, además, le gusta jugar así. Entiende la sorpresa como un factor indispensable en política. Por lo tanto, las quinielas que circulan tendrán, sin duda, fundamento; pero quizá en esta crisis lo más significativo es que ha sido el mismísimo Aznar quién ha dejado que pase lo que esta pasando, con una respuesta medida y calculada el pasado lunes. Es el presidente quién está permitiendo el nerviosismo entre los suyos.
La única idea clara a estas alturas es que Aznar es consciente de que este Gabinete no ha funcionado bien. No ha trabajado con pulso político y ha sido incapaz de ofrecer una imagen de ilusión y confianza a la sociedad. Algo falla, empezando por la mala presentación de la gestión de los ministros. Todo indica que la crisis será una realidad en otoño. Ahora esperamos que, ya puestos a mover peones, los cambios sean los adecuados. En este caso no sería suficiente un simple lavado de cara. Hay pocos cartuchos y no se pueden quemar alegremente.

Algo más que una serpiente de verano
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