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La ONCE, otra vez

En 1938 se creó la ONCE con la finalidad de ayudar a los invidentes mediante actividades benéficas como la rifa de gallinas. Hoy, casi 70 años después, no estaría de más que los responsables de esta organización ofrecieran una rueda de prensa para explicar con claridad cuáles son sus actividades y de qué manera incrementa su patrimonio.

Una vez más, el nombre de la ONCE aparece de la mano de un escándalo económico. El caso Tele 5, por poner un ejemplo, hizo desfilar por los juzgados de la Audiencia Nacional a los máximos dirigentes de esta “empresa”, que factura anualmente 500.000 millones de pesetas libres de impuestos.

En el año 38 la ONCE rifaba gallinas, hoy es un poder fáctico en España. Algunas personas cercanas al mundo del juego revelan que José María Aznar, en uno de sus primeros contactos como presidente del Gobierno, se reunió con Rafael de Lorenzo, vicepresidente de la ONCE, el que “corta el bacalao de los ciegos”, según fuentes cercanas a la organización.

En el juzgado de Teresa Palacios hay un especial interés en aclarar cuál ha sido la participación de la ONCE en el caso Gescartera. La Fiscalía Anticorrupción no descarta exigir en el futuro responsabilidades civiles a la organización de los ciegos españoles. Todo parece indicar que en todo el entramado de las empresas de Gescartera, la ONCE es el único socio solvente.

Para dilucidar la posible responsabilidad de la ONCE habrá que aclarar su relación con Giménez Reyna. La teoría jurídica llamada “levantamiento del velo” –por la que se podría extender la responsabilidad a la ONCE y al ex secretario de Estado– podría ser aplicada, si se pudiera probar que la Organización Nacional de Ciegos de España aceptó participar en Gescartera a cambio de que Giménez Reyna abriera expedientes y pusiera las cosas difíciles a sus competidoras en el mundo de las loterías, la OID (Organización de Discapacitados). Eso sería, además de una práctica mafiosa, un delito como la copa de un pino.

Los de la OID, que tienen numerosos pleitos con la ONCE, entienden ahora un poco mejor porqué la Guardia Civil actuaba contra ellos con tanta diligencia. Los agentes encargados de perseguir los delitos relacionados con el juego no tardaban ni 24 horas en cerrar sus “chiringuitos”. Parece como si una mano negra de la Guardia Civil estuviera en contacto permanente con la Agencia Tributaria y la ONCE. Quizá el coronel Giménez Reyna tenga también algo que decir. Por ahora, este puzzle está sin completar, pero es evidente que en este nuevo escándalo ha existido una utilización abusiva de la persona jurídica –Gescartera– y no es menos evidente que la ONCE con el Gobierno del PP ha conseguido colocarse en la órbita de la oligarquía del Ministerio de Hacienda. Lo que queda ahora por probar –y no es poco– es si conocía el lío en el que se había metido “emparentando” con Gescartera. Una vez más, la ONCE huele mal.

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