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Satán en el Cairo

Nadie en Durban va a dedicar un instante de piedad a los 52 del Cairo. Los 52 del Cairo son homosexuales. Y el Corán caerá sobre sus cabezas, manejado por el juez de turno. Y los fulminará. Acusados de una “abominación sexual” que fiscal y opinión pública identifican con el “satanismo” y el “sionismo” (como toda ONG de Durban sabe, el sionismo es la universal matriz del mal en este Universo), los 52 del Cairo serán el chivo expiatorio sobre cuya cabeza pueda un poder corrupto descargar sus golpes de pecho de muy alta fidelidad islámica.

No es un delirio. Es peor.

El diario gubernamental, Al-Gomhoreya ha publicado los nombres, fotografías y direcciones de los “perversos” en curso de ser juzgados. Los “impíos” son definidos como “satanistas”, constituidos en secta orgiástica mediante “peregrinajes a Israel”. No sólo ellos son ya cadáveres en vida; su vergüenza cae sobre la totalidad de sus familias, sometidas a estricta muerte civil, social como administrativa. Los parientes de los homosexuales, detenidos el 10 de mayo y ahora juzgados sin garantía de defensa alguna, se han visto ya, en estos meses, despedidos de sus trabajos y reducidos por sus convecinos a las condición de leprosos medievales. Las direcciones publicadas por Al-Gomhoreya hacen proliferar, en torno a sus hogares, las pintadas salvíficas: “¡Muerte a los perversos!”

Ante la jaula de los juzgados, una madre increpa a su hijo: “Júrame que no eres homosexual o habrás dejado de ser mi hijo”. En realidad, el acusado ha dejado ya de existir, para su madre como para su bien codificada sociedad islámica. Es una carroña sin enterrar. “Son monstruos. Han sido pervertidos por Occidente, traicionan nuestra cultura y nuestra religión”, proclaman los mullahs. La homosexualidad, es bien sabido, constituye “una conspiración judía contra el monoteísmo verdadero”.

Mas nada de eso, por supuesto, concierne a los de Durban. Las ONG, que nuestro bolsillo paga, tienen allí una tarea: jalear las excelencias democráticas de un cierto Fidel Castro. Y de un seráfico coro de monaguillos suyos: Arafat, Kabila Jr., toda la patulea de déspotas musulmanes en ejercicio... ¿Por qué gente de tan altas miras iba a preocuparse por un puñado de degenerados? Alá sea con los que, en Durban, fulminan al único Estado democrático del Cercano Oriente: Israel. ¿Los del Cairo? A los del Cairo sólo les queda por delante un implacable descenso a los infiernos. Homosexuales, satanistas, sionistas... Muertos.

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