El silencio de los funcionarios del Ejecutivo, junto con las advertencias de congresistas y senadores y el movimiento de tropas junto a Afganistán hacen presagiar un comienzo inminente de los ataques norteamericanos. Lo que parece muy probable es que esta campaña empiece de una manera doble y que, junto a los misiles contra objetivos militares, lancen también toneladas de comida para la población hambrienta dentro de Afganistán.
Los expertos militares advierten de que los riesgos de esta ayuda humanitaria obligarán a los aviones a volar a gran altura, con la probabilidad de que la comida beneficie también a los propios talibanes que la podrán usar con la conciencia tranquila porque no hay nada de origen animal, para no ofender a ningún fundamentalista islámico.
Por el momento, la campaña puede limitarse a una guerra de nervios y a probar la respuesta de los talibanes. Tal vez ese fue el motivo del vuelo o vuelos de este sábado sobre Kabul que, aparentemente, hizo que los talibanes se gastaran uno de sus 18 misiles tierra-aire. A pesar de su retraso, los líderes afganos tienen una cierta capacidad de defensas antiaéreas y el Pentágono tendrá que empezar por eliminarlas.

Bombas y pan
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