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Como en los viejos tiempos

Aquí estamos otra vez con la crispación a cuestas. Cada uno va a lo suyo. El espectáculo –provocado por la renovación de los cargos institucionales– se está prolongando más de lo que algunos pensaban. Los ataques personales entre unos y otros; las filtraciones interesadas a la prensa; los “dimes y diretes” de unos y otros nos sitúan de nuevo en los viejos tiempos de la crispación, nos llevan de nuevo a aquellos años, no tan lejanos, en los que la vida política vivía inmersa en la tensión. La justificación última ha sido la crisis para la renovación de los cargos institucionales. Pero eso ha sido sólo la última entrega, para buscar los verdaderos motivos hay que rastrear en Gescartera. De nuevo ha sido la corrupción el detonante de la crisis, la razón de la crispación política. Junto a eso hay que dejar constancia también del nerviosismo del PSOE de Zapatero, ante el examen de las elecciones gallegas, el primer examen serio del llamado “nuevo socialismo”.

Entre unos y otros, están volviendo a un terreno desgraciadamente conocido. Están volviendo al “todo vale”, que en el 96 prometieron enterrar desde el PP y que han vuelto a desenterrar populares y socialistas. ¡Es una pena! Unos y otros están cayendo en los viejos defectos. Los políticos, una vez más, entran en sus “batallitas” personales, tensan el ambiente y se alejan a toda velocidad de los verdaderos intereses de los ciudadanos.
Los políticos se tiran los trastos a la cabeza y son incapaces de solucionar la renovación de los cargos institucionales, o de afrontar con la claridad que necesita la investigación sobre Gescartera.

Estamos volviendo a las andadas, la crispación ataca de nuevo, justo en el momento en el que reaparece Felipe González. Eso no es casualidad. Y encima al portavoz socialista Jesús Caldera, no se le ocurre otra cosa que llevar a su mujer a Cuba “gratis total”. ¡Una ocurrencia muy poco adecuada y muy poco conveniente. ¡Con la que está cayendo!

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