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Hacia la in-competencia por el precio fijo

En la polémica sobre el precio de los libros, los defensores del precio fijo suelen citar como apoyo de su tesis los ejemplos de la prensa o de los productos farmacéuticos. Pero se hacen a sí mismos un flaco favor. La venta de publicaciones periódicas es una concesión administrativa concedida a los quiosqueros, similar a la de los estancos, y no hablemos de las farmacias. A pocos se les oculta ya que la principal (yo diría que única) función de los colegios farmacéuticos es defender las jugosas rentas que para los titulares de farmacias devenga la restricción arbitraria de la competencia en este sector.

¿Aspira el gremio del libro a lo mismo?. Yo diría que sí. Si los farmacéuticos se valen de excitar el miedo a una erupción de envenenadores incontrolados y de melifluas salmodias acerca de sus desvelos por la salud pública; en el gremio del libro agitan el socorrido espantajo del acceso igualitario a la cultura y la necesidad de una amplia red de librerías donde no sólo se encuentre el “vulgar” best seller de la temporada, amén de, por supuesto, su “celo” en defensa de la cultura.

Todos sabemos que en las librerías de Estados Unidos, donde el precio es libre, sólo pueden hallarse las cuatro novedades literarias del momento, porque hace decenios que dejaron de editarse clásicos y apenas se editan obras científicas. Seguramente es por eso por lo que la inmensa mayoría de los libros científicos y gran parte de la literatura publicada en España son traducciones de ediciones norteamericanas. No nos engañemos, lo que realmente les importa a los editores y a los libreros tradicionales, es que “advenedizos” como los hipermercados o los amazon.com —que en EE.UU. aplica descuentos de hasta el 40%—, adquieran suficiente poder de mercado como para forzar la mano a los editores y quitarles el chollo a los libreros ineficientes —el margen del editor es del 40% del precio del libro, el del librero del 30%, y el del mayorista el 20%; al autor le queda un magro 10%—, sobre todo en lo concerniente al mercado cautivo de los libros de texto, origen de muchas fortunas amasadas a costa de los sacrificios de humildes padres de familia.

Jesús Gómez Ruiz es economista

En Tecnociencia

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