La noche del lunes se ha convertido por obra y gracia de la productora Gestmusic en un ejemplo de la espiral de deterioro a la que se puede llegar en televisión para conseguir audiencia. TVE le paga por “Operación triunfo”, la versión musical de “Gran Hermano”, y Tele 5 por unas “Crónicas marcianas” que están llegando más allá de lo que pudiera imaginar incluso Pepe Navarro. Entre las dos cadenas suman un 70% de los telespectadores españoles, que asisten y participan del rentable fango suministrado por la productora más solvente y con menos escrúpulos del mercado audiovisual, que ya es decir.
Mientras “Operación triunfo” consigue un éxito inesperado por su versión maquillada de “GH”, Sardá y su equipo han ido subiendo el diapasón hasta situarlo en sus más altas cotas de descaro con la aparición como mujer maltratada de Carmina Ordóñez. Ver a Javier Sardá y Coto Matamoros en Tele 5 haciendo discursos contra las agresiones a mujeres como si formaran parte de la campaña institucional de los malos tratos pone los pelos de punta. Oir a Carmen Ordóñez, que siempre se ha manifestado como una radical antifeminista, denunciar los golpes de Ernesto Neyra en el plató sin haber pasado antes por la comisaría a denunciar las agresiones, es un espectáculo que puede ser calificado entre lamentable y abyecto.
Es difícil que tengamos una muestra más clara de los efectos perversos que la guerra de audiencias ha generado en televisiones públicas y privadas. La competición de las principales cadenas para convertirse en ganadoras por unas décimas, ha llegado al punto de dejar en manos de una productora la administración de una franja horaria que cada vez se ensancha más para que “Gestmusic” se forre y los espectadores pierdan hasta la capacidad de sonrojarse por lo que tienen que ver en la noche más siniestra.

La noche más siniestra
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