El Secretario General del PSOE, que suspendió su visita a Marruecos cuando el régimen de Mohamed VI decidió llamar a consultas a su embajador, se lo ha pensado mejor y va a viajar al país vecino. Nada ha cambiado desde entonces. Nada ha cambiado para mejor. El embajador sigue en Rabat, las provocaciones del reino alahuita hacia nuestros intereses han seguido en aumento, no solo por la vía de las declaraciones, y Rodríguez Zapatero anuncia que irá el próximo día 19 con la intención de “desenredar”. No es que las acciones de nuestra diplomacia en los últimos tiempos hayan estado plagadas de éxitos, pero Zapatero se toma unas prerrogativas que no le corresponden y lo hace a espaldas del Ejecutivo, que no ha recibido comunicación oficial de tal empresa. No es este un ejemplo de esa oposición tranquila y responsable que ha estado vendiendo como eje de su hacer.
Hasta ahora, todas sus declaraciones han ido encaminadas a criticar la actuación del Ejecutivo español. No ha parado de pedirle esfuerzos para mejorar las relaciones bilaterales haciéndole partícipe de unos hechos que tan solo corresponden atribuir a nuestro vecino del sur. Y ha preparado su visita ante la prensa marroquí presentándose como mediador. Quizás tenga pasaporte suizo y no lo sepamos. Seguro que sonrisas sí conseguirá del amigo marroquí.
Rodríguez Zapatero necesita vender éxitos ante los suyos. Y ya que no los tiene en su partido, parece decidido a obtener por lo menos la foto de portada desde fuera. Con un apoyo interno que consigue superar apenas el de su predecesor, Joaquín Almunia, y con un enredo supremo en sus filas, el secretario General del PSOE va a “desenredar”, eso dice, un asunto de Estado. ¿Le pondrán una alfombra de 4.000 nudos por metro cuadrado para recibirle? Cuidado, que a veces uno se tropieza en ellas.
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