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Todos a una

Sin que nadie lo esperase, la reforma de la Ley de Partidos se ha convertido en un auténtico tormento para el PSOE. Los cambios de actitud, la ambigüedad, las dudas, las afirmaciones a bombo y platillo pero vacías de contenido son la línea de actuación habitual de los socialistas en una cuestión tan importante y tan sensible para la opinión pública como puede serlo la ilegalización de Batasuna. Están quedando en evidencia, pero no sólo por sus propios errores, que también, sino por la clara actitud de Aznar ante esta cuestión.

El presidente del Gobierno ha adoptado desde el primer momento una posición definida a la hora de acorralar al entramado de la banda terrorista ETA, incluido su brazo político. Aznar, que en el discurso antiterrorista mantiene un mensaje acertado y claramente respaldado por la mayoría de los ciudadanos, sabe ofrecer seguridad y coherencia en los planteamientos que afectan al País Vasco. En este sentido, Aznar le está ganando la partida a Rodríguez Zapatero, aun sin proponérselo. El secretario general del PSOE, tan desorientado como es costumbre, está “mareando la perdiz” sin dirección concreta y sin intenciones conocidas. Ha vuelto a lo de siempre: dice una cosa, luego hace otra y en el camino entra y sale en los “jardines” sin previo aviso.

La ilegalización de Batasuna está dejando a cada uno en su sitio. Es una pena, porque en esta ocasión PP y PSOE deberían ir de la mano, al mismo ritmo y sin diferencias públicas. El PP hizo esta oferta desde el principio, pero el mismo PSOE que aceptó esa dinámica es el que rompió después lo pactado. Sin embargo, lo más grave es que actualmente no sabe adónde va. A estas alturas, sería bueno que los dos grandes partidos se sentaran a la misma mesa, aclarasen posiciones y acordaran un mensaje único. PP y PSOE deberían mantener una misma actitud en defensa de la democracia. Los socialistas se equivocan cuando buscan una “diferenciación” en una cuestión básica donde los demócratas deberían estar en el mismo bando.

Al final, el verdadero problema del PSOE no es que piense diferente, sino que sencillamente ni ellos mismos saben lo que piensan. Ahí está la clave de lo ocurrido. Ese es el grave error de Rodríguez Zapatero, que ha emprendido un camino dañino para el socialismo español en una estrategia que, con el tiempo, le pasará factura.

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