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El muro de Sharon

Por mucho apoyo que Washington siga dando a Ariel Sharon, está claro que Israel no es Estados Unidos y la valla que están erigiendo en su frontera con Cisjordania es ante todo una confesión de impotencia: su política de represalias sangrientas no puede tener la contundencia de un ejército estadounidense en el Afganistán o en el Golfo Pérsico y no se le ocurren respuestas adecuadas ante al aumento de la presión terrorista palestina así que recurre a la más pasiva de las defensas, la de levantar un muro.

Ni Sharon ni su Gabinete son políticos improvisados, carentes de ideas, pero constituyen el núcleo de la opción política de la dureza extrema – que parece agotada. Ante el empeño independentista palestino, que llega hasta el sacrificio individual a un ritmo cada vez más veloz, la única repuesta militar eficiente que cabe es el genocidio que, por fortuna, es algo totalmente impensable en nuestro siglo y en el ámbito del mundo industrial y democrático al que pertenece Israel.

Políticamente, Sharon ha quemado todas sus naves menos la del apoyo de Washington y no puede cambiar radicalmente su conducta. En la tesitura actual, se ve obligado a defender lo más que pueda a sus ciudadanos al tiempo que mantiene la línea de represalias masivas e inmediatas contra todos los focos del terrorismo palestino.

En este contexto, la valla electrificada de la frontera cisjordana es un parche que no carece de lógica: dificultará la entrada en Israel de palestinos “kamikaze”, quienes tal vez busquen otros objetivos pues, a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX se ha visto que los terroristas responden a las medidas policiales atentando donde pueden y no donde hubieran querido hacerlo.

Es esto seguramente lo que ha movido a Sharon a levantar deprisa y corriendo la “antimuralla de Berlín” que, a diferencia de la Alemania del Este que la construyó para que nadie saliera, la de Sharon trata de cerrar el paso. A la corta, habrá menos atentados y menos víctimas. ¿Y a la larga?

A la larga, la paz o la convivencia pacífica no se pueden lograr más que en una negociación razonable, con un acuerdo que satisfaga por lo menos los derechos mínimos de unos y otros. Y hoy por hoy no hay nada que permita creer que en estas negociaciones vaya a intervenir Sharon o ninguno de sus partidarios

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