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El triunfo del perejil

“La cocina de Karlos Arguiñano” le huele muy bien a TVE. Un millón de telespectadores se enganchan a “La 2” todos los días para seguir los consejos del cocinero que mayores beneficios le ha sacado a la divulgación gastronómica en nuestro país. Sus pucheros son como la mochila de Labordeta: siempre tienen un público rendido.

Después de un cierto paréntesis en el que se le veía más haciendo publicidad que en los fogones, Arguiñano ha estrenado cocina este verano en la cadena pública. Una cocina bien equipada y decorada a la que invita a José Mari Arzak periódicamente y que tiene en su hermana una repostera de calidad. Desde ahí sigue dando lecciones sencillas para platos “ricos, ricos”.

Arguiñano, además de tener muchos recursos y amplios conocimientos, tiene una suerte que procura administrar. Casualmente, su vuelta a la televisión coincidió con la crisis de la isla Perejil. Desde luego, si hay alguien que haya hecho del perejil su bandera ese es el cocinero vasco y, como no podía ser de otra manera, en el programa ha tenido que hacer mención al hecho. Sin embargo, es muy curioso como consigue que en sus alusiones no haya ni una sombra de exceso patriótico español —por si los vascos—. Nada de soberanía rojigualda, sino verde. El perejil es la bandera, y la isla debería ser de Arguiñano. El cocinero, que sabe lo delicado del asunto, no entra apenas en materia y prefiere, antes que hacer alusiones que no le resulten oportunas, seguir instruyendo sobre los alimentos, que es lo suyo. Mejor que se ocupe de los estómagos que de la política exterior.

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