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El jefe de prensa del Barcelona anda estos días muy ajetreado, en pleno redoble de tambor mediático para vendernos a todos el "nuevo Van Gaal", un retrato familiar y un enfoque humano del entrenador holandés. Van Gaal tocando el banjo. Van Gaal leyendo poesía. Van Gaal cantando bajo la ducha. El otro día un compañero tuvo la osadía de comentarle, tras hora y media de entrevista y cuatro años de palos a destajo, lo siguiente: "Me alegro mucho porque hoy le conozco mucho mejor". Yo querría conocer a Al Pacino, porque nunca sobreactúa y está siempre en su sitio, pero no a Van Gaal que remueve a Rivaldo y, según me cuentan, condena a arder en la caldera de Pedro Botero a uno de los pocos futbolistas intuitivos que tiene en ese vestuario (Juan Román Riquelme). De forma que ya pueden irse enterando los asesores de imagen del amigo Louis: señoras, señores, niños y niñas, yo no "compro".

Es probable que la domesticada prensa deportiva española pasará por el aro de este ladrillo con piernas, pero servidor no. Aunque sólo sea por dignidad. Pero no sólo por eso. Sigo sin ver un proyecto sólido que nos lleve más allá del 30 de junio de 2003. No me cabe la menor duda de que el Barcelona sobrevivirá a Joan Gaspart, distraído ahora en un combate contra Alfredo di Stéfano que tiene perdido desde mucho antes que sonara el "gong". Lo que me preocupa es el Barcelona de la temporada 2002/2003, el Barcelona que podamos ver el próximo domingo. Van Gaal ha salido pronto de caza y el pichón que ha escogido es Riquelme. ¿Cuánto tardará en conseguir que explote el argentino?

En el colmo de la desfachatez y el egocentrismo, Van Gaal acaba de comentar que Rivaldo nunca ganó nada sin él, como si el brasileño fuera campeón del mundo gracias a los dudosos conocimientos del entrenador culé. Ese es el mayor defecto que detecto en este entrenador: anula la personalidad de sus jugadores en aras del funcionamiento del equipo, cuando un buen equipo sólo funciona incluyendo en él a futbolistas con la suficiente personalidad como para asumir nuevos retos.

Yo no "compro" a Van Gaal porque le pidió permiso a Núñez para volver a fichar por el Barcelona, como si el Nou Camp fuera una finca particular. No le compro porque es poseedor de un evidente mal gusto futbolístico y porque se irá como vino, sin saber qué significa el Barcelona. Al jefe de prensa culé le falta un José Luis Sáenz de Heredia que dirija un bonito "Van Gaal, ese hombre". Música, maestro, y que empiece el NO-DO.

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