Cuando irrumpe en la opinión pública un posible caso de corrupción, los medios de comunicación tienen la obligación de mirar con lupa todas las derivaciones que puedan surgir al hilo de esas supuestas corruptelas. Pues bien, nos encontramos de nuevo en la mesa de redacción con el viejo "caso Funeraria", que como el Guadiana aparece y desaparece del panorama político. Y, no por casualidad, resurge en vísperas de la campaña para las municipales.
Vaya por delante, que ante la posibilidad de que alguien haya podido utilizar un cargo público para el enriquecimiento personal o como un escenario de tráfico de influencias, hay que investigarlo judicialmente hasta el final y delimitar todas las responsabilidades. Hasta ahí todos de acuerdo, pero el problema surge cuando entrando en la letra pequeña del proceso judicial, resulta que el fiscal Anticorrupción que es quién está llevando el "caso Funeraria" se llama Carlos Jiménez Villarejo, a la sazón tío de Trinidad Jiménez, casualmente la candidata del PSOE a la Alcaldía de Madrid. Por cierto, conviene recordar que el fiscal Villarejo ha demostrado sobradamente su aversión al Partido Popular y a su entorno. Dicho lo cual, tras dejar sentado que acataremos la decisión judicial que resulte de todo este proceso, es inevitable que nos venga a la cabeza aquella época no muy lejana, conocida como "felipismo", en la que la política ocupaba la parcela judicial y viceversa.
En fin, una buena prueba para certificar cuáles son las verdaderas intenciones de Jiménez Villarejo será el calendario que imprima al proceso judicial. Si, al final, la sentencia coincide con la campaña electoral de las municipales, no habrá más remedio que constatar que detrás de todo esto hay claras intencionalidades políticas. Mientras tanto, habrá que aplaudir la actitud del Partido Popular suspendiendo de militancia a los tres imputados. Una decisión correcta pero que llega algo tarde. El daño político en el PP en la antesala de las elecciones puede ser mayor del que ahora se puede pensar.
Si esta decisión se hubiera tomado en el inicio de esta legislatura municipal y autonómica, allá por el año 1999, las cosas habrían sido diferentes. Entonces se intentó echar tierra encima, y el tiempo ha confirmado que ha sido un error. Si entonces se hubiera suspendido de militancia a los protagonistas de esta historia, ahora todo sería muy distinto. No se puede perder de vista que en este caso, además de una posible corrupción nos encontramos con claras maniobras políticas desde el PSOE. Unas maniobras que tienen el "tufillo" de "nuestros clásicos", de los "clásicos del felipismo".

Los clásicos del felipismo
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