Lo que está ocurriendo con las elecciones en Marruecos era lo esperado. Nadie se tenia que llamar a engaño. ¿O es que esperábamos algo más? El régimen de Mohamed IV es lo que es, no hay que darle más vueltas. Por si alguien dudaba, las declaraciones del, hasta ahora, primer ministro Yusufi lo dejaban claro pocas horas después de iniciarse los comicios: “Nada cambiará”.
La diplomacia española está actuando como se espera de un país democrático, quizás demasiado timorato para algunos. La lección de diplomacia y democracia, exenta de cualquier atisbo de prepotencia, ha quedado clara. Ahora hay que actuar como adultos, sin ningún miedo a fatuos e interesados reproches de prepotencia.
La marcha verde fue una demostración de lo que un dictador es capaz de hacer frente a los complejos de una incipiente democracia. Que no se vuelva a repetir. Y sin complejos de quienes piensan que no tenemos ningún derecho sobre el Sáhara. No se equivoquen. No son derechos. Puede ser simplemente redención. Estar en el Consejo de Seguridad de la ONU nos obliga a dejar de mirar hacia un lado.

Era lo esperado, ¿no?
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