Menú

Era la única solución para Rusia y para el mundo

Ha sido un éxito, un éxito sin comillas, tal y como lo intenta presentar El País. Un éxito a pesar de las pérdidas humanas entre los rehenes, por cierto, mínimas comparado a la cantidad de personas secuestradas y amenazadas de muerte. No hay duda de que hubieran muerto todas si no se hubiera realizado esta operación de rescate. Al ataque del grupo “Alfa”, un destacamento de super elite, no había alternativas. Han cumplido su misión que a muchos nos parecía imposible.

Ha sido también una victoria personal del presidente Putin, un “hombre de hierro”, que intenta a lo largo de los últimos dos años sacar a su país del abismo en el que se hundió en la época del alcoholizado y perverso Yeltsin. Ha sido la victoria de nuestra civilización occidental, que ha apoyado a Rusia en el momento difícil y que tiene su código moral que prohíbe compromisos con los terroristas. Es de destacar que ningún gobierno ha intentado presionar o convencer a Moscú para que haga concesiones a los extremistas. Todo lo contrario, las fuerzas especiales de EEUU, Israel, España y de otros países estaban preparadas para ayudar a sus colegas rusos. El mundo ha cambiado tras el 11 de septiembre.

El mismo secuestro ha demostrado la agonía del terrorismo checheno. Presionados por Washington, los georgianos “limpiaron” el desfiladero de Pankisi, la retaguardia de las bandas criminales chechenas, estrechamente vinculadas con Ben Laden. Los islamistas intentaron penetrar en Chechenia, pero fueron fulminados por el Ejército ruso. En estas condiciones, los extremistas armados, o lo que queda de ellos, acorralados y odiados por su propio pueblo, perpetraron este macabro secuestro. Han recibido lo que merecían, lo que merecen todos los terroristas del mundo: una bala. Y ninguna juez “misericordiosa” les pondrá poner en libertad dentro de ocho años.

Servicios

  • Radarbot
  • Curso
  • Inversión
  • Securitas
  • Buena Vida
  • Reloj