El gobierno de México hace cosas sorprendentes, aburridas, inútiles, trascendentales, irrelevantes. En fin, dicen sus propios documentos que realiza 146 “actividades institucionales” para las cuales se gasta cerca de 1,5 millones de millones de pesos al año.
El gobierno de México actualiza, administra, almacena, asiste, atiende, audita, canaliza, capacita, capta, comercializa, comunica, concentra, conserva, consolida, contribuye, controla, coordina, cubre, da, defiende, desarrolla, difunde, diseña, distribuye, documenta.
Además, elabora, entrega, establece, fabrica, favorece, fomenta, forma, fortalece, genera, imparte, lleva a cabo, maneja, mide, opera, ordena, otorga, paga, preserva, presta, procura, produce, promueve, proporciona, protege, realiza, recauda, recibe, registra, recupera, regula, representa, resuelve, restaura, supervisa, transforma, transmite y valúa.
Son 62 verbos que, se supone, describen lo que hace “institucionalmente” el gobierno federal. Cualquier lector avispado habrá descubierto que varios de estos verbos son sinónimos (¿cuál es la diferencia entre “dar” y “otorgar”?, ¿cuál entre “llevar a cabo” y “realizar”?) y también se habrá percatado que el gobierno usa eufemismos para no decirnos que vende (eso es comercializar o distribuir) o que regala cosas. Además, habrá que decir que el gobierno no encontró los verbos para decirnos que también (realiza, lleva a cabo, hace, efectúa) “obligaciones jurídicas ineludibles” y (realiza, lleva a cabo, desempeña) “otros servicios bancarios”.
Además de mostrarnos el gran desorden mental en el que funciona el gobierno –no sólo éste, sino todos los que hemos padecido de unos 32 años a la fecha–, este “catálogo de actividades institucionales”, que suele acompañar al presupuesto de egresos de la federación, nos permite comprobar que los sucesivos gobiernos en México construyen sus propias pirámides sobre las pirámides de gobiernos anteriores.
Alguien en los lejanos años 70 decidió que el gobierno tenía que “promover el desarrollo empresarial, comercial e industrial integral” y ahí se quedó para toda la vida –con presupuesto asignado, desde luego–, esa ambiciosa “actividad institucional”. Otras actividades son obviamente recientes como “promover el fortalecimiento de la arquitectura institucional, funcional y administrativa de los tres órdenes de gobierno” que parece diseñada “ex profeso” para justificar la existencia de alguna nueva subsecretaría en la Secretaría de Gobernación. Pura arqueología burocrática, pues.
Sobre el desorden mental sólo una observación inevitable: los gobernantes han querido y quieren hacer todo lo que no deberían hacer y han dejado de hacer, en gran parte, lo que debiera hacer todo gobierno.
Algunas curiosidades estadísticas sobre este catálogo de las actividades institucionales (AI): Tenemos un gobierno dadivoso (el 27,4% de las actividades institucionales son “proporcionar” algo o sus sinónimos: dar, otorgar y demás), controlador (el 20,5% de ellas consisten en “administrar”, “coordinar”, “regular”, “controlar” y sinónimos), promotor (17% son “promover”, “contribuir”, “desarrollar”, “favorecer” y demás), productor (13,7% son “producir”, “fabricar” o sinónimos) y escasamente protector (sólo 8.2% de las actividades institucionales pueden considerarse sinónimos de “proteger”, “defender” o “conservar”).
Verbos que nunca aparecen: Garantizar (por ejemplo, los derechos de propiedad o las libertades de los ciudadanos) o gobernar.
Ricardo Medina Macías es analista político mexicano.
© AIPE

Las 146 cosas que hace el gobierno
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