El Gobierno ha visto los cuernos al toro. Es evidente que ha caído en la cuenta de que se encontraban en la fase descendente de un ciclo político, en el momento más complicado desde su llegada al poder, en una situación límite si aspiran a renovar el mandato en las próximas generales.
Todo estaba en contra para el Ejecutivo, hasta que el viento político ha cambiado de dirección al vaivén de las mentiras del PSOE. Ciertamente, después de un mes negro en la gestión y en la comunicación del Gobierno, comienzan a remontar la iniciativa gracias a los tropezones socialistas y gracias también a que el presidente Aznar ha decidido desempolvar el programa electoral del año 96.
El Partido Popular tiene en su casa la solución a sus problemas. Si quieren frenar el aumento imparable de desencanto y desasosiego, si pretenden recuperar el impulso político que les llevó a la mayoría absoluta, los populares no tienen más que sacar del desván de los recuerdos sus últimos programas electorales. Ahí está la clave de su éxito y también está el motivo de sus más sonados fracasos. Son precisamente esas iniciativas electorales las que dan color y sabor al centrismo insípido. El centrismo conduce a la apatía política como se está demostrando; en cambio el centrismo reformismo, el centrismo con reformas incorpora una cierta audacia política necesaria para seguir ilusionando a los ciudadanos.
El anuncio realizado por el presidente Aznar sobre una Ley para el cumplimiento integro de las penas para los terroristas recupera el espíritu ilusionante del Partido Popular del año 96. Esta decisión, después de la tormenta del Prestige, devuelve al Gobierno el pulso de la iniciativa, pero también le enfrenta a sus propias miserias. La iniciativa del Gobierno, que les reconcilia con un punto básico del programa electoral que les llevó al poder, deja en evidencia la pusilanimidad de este Ejecutivo cuando después del verano renunció a la "reforma del desempleo" como respuesta a la huelga general del mes de junio o cuando han triturado cualquier planteamiento serio en la política de medios después del desaguisado que han montado con la fusión de las plataformas.
Aznar intenta recuperar el tiempo perdido volviendo a los orígenes. Desde luego, es una buena noticia; pero no es suficiente. En esta cuestión no valen gestos parciales. No basta con retomar algunas de las promesas inclumplidas. La rectificación deberá ser en toda regla, incluyendo la reforma del desempleo o la desastrosa política con los medios de comunicación. El anuncio sobre el cumplimiento integro de las penas para los terroristas, es una buena señal, pero no deberá ser la única.

Una vuelta obligada a los orígenes
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