El incidente acaecido entre Del Bosque y Morientes en el transcurso del Real Madrid-Borussia Dortmund, y que desveló este jueves "El Tirachinas" de la Cadena Cope, es fruto –ya lo dije en alguna que otra ocasión– de una desastrosa gestión por parte de la dirección general deportiva del club madridista. A Morientes, como también a Solari o Guti, se les negó el pan y la sal, con una diferencia de matiz importante con respecto al delantero centro; y es que éste, a diferencia de los otros dos, ha sido pieza fundamental de los éxitos del equipo en los últimos cinco años. El "moro" explotó el otro día contra quien no debía (Del Bosque) porque quienes le utilizaron previamente como carnaza fueron Florentino Pérez y Jorge Valdano. El hecho de que el entrenador, tras estar calentando veinte minutos en la banda y cuando sólo faltaban cuatro para el final del partido, le pidiese que saltara al campo fue sólo la gota que colmó el vaso de la paciencia del goleador.
Del Bosque (más sabe el diablo por viejo que por diablo) ha estado muy fino a la hora de enfocar esta crisis y, oliéndose con anterioridad la tostada, ha confirmado el incidente obrando como un "entrenador-padre" que perdona y comprende al "hijo descarriado". No ha estado tan astuto Valdano asegurando que no habrá sanción para el futbolista. ¿Para qué sirve, entonces, el tan cacareado "libro blanco" de Petete, el famoso código ético de F.P.? ¿O es que a alguien le parece estético que en un club como el madridista un futbolista llame "hijo de las cuatro letras" al entrenador?
Morientes se siente injustamente tratado y estafado por la directiva del club, y no seré yo quien le quite la razón. Y a su situación deportiva particularmente esquinada han venido a añadirse la baja forma de Ronaldo (turista accidental frente al campeón de Alemania) y el reconocimiento de parte del propio Del Bosque cuando aseguró que el brasileño "es un jugador que está al margen de la dinámica del equipo". El vestuario está con Morientes, –no hay más que rebobinar las declaraciones de Raúl o Michel Salgado– y éste se considera víctima del marketing.
El día que el Real Madrid contrató a Ronaldo (quien, dicho sea de paso, en forma es una máquina) dije que quería comprobar cuántos goles más que Morientes iba a marcar con su nueva camiseta. Parece que se cruzan apuestas (ilegales) sobre esa misma materia en el vestuario. ¿Cuántos serán? ¿Cinco más? ¿Diez? ¿Y si fueran menos? El caso es que Morientes no compite contra un futbolista normal sino contra una empresa de mercadotecnia con piernas. Así están las cosas. Y seguirán estándolo hasta el 30 de junio.

Morientes: víctima del marketing
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