Lo que está pasando en Bolivia –una embestida reaccionaria disfrazada de revuelta popular– es criminal. Tan criminal como la displicencia arrogante con la que algunos europeos, bien vestiditos y bien comiditos, le recetan a los bolivianos: “Muéranse de hambre con dignidad, sigan aislados”. El presidente Gonzalo Sánchez Lozada dimitió fue reemplazado por el vicepresidente Carlos Mesa, quien anunció no sólo un referéndum sobre el proyecto de exportación de gas, sino una Asamblea Constituyente para cambiar la constitución y, “refundar” a Bolivia. La propaganda izquierdista proclamará que el progresismo ha ganado un bastión en América Latina.
¿En qué consiste esta victoria de quienes se presentan a sí mismos como defensores de la soberanía, enemigos del neoliberalismo y caudillos de los miserables? En haber cerrado otra vez, a piedra y lodo, las oportunidades de Bolivia para salir de la miseria. ¡Valiente “progresismo”! El ingreso por habitante en Bolivia es inferior a los mil dólares anuales. Bolivia es uno de los países más pobres del mundo y tiene el vergonzoso récord de más golpes de Estado en el continente.
La razón que esgrimieron los enemigos de Sánchez Lozada para levantar a multitudes de indígenas y pobres de Bolivia contra el gobierno, es un proyecto, por el momento suspendido, para vender gas natural a Estados Unidos y a México; gas que se extraería del subsuelo boliviano y que se enviaría a través de un gasoducto a un puerto chileno, y de ahí por mar a Baja California, para vender a Estados Unidos y a México unos 10.000 millones de metros cúbicos en los próximos 20 años. Las reservas de gas de Bolivia son tan cuantiosas que manteniendo el ritmo actual de consumo le alcanzarían para 1.400 años. Este proyecto le dejaría a Bolivia ingresos fiscales de hasta 9.000 millones de dólares, generaría diez mil empleos directos y 30 mil empleos indirectos.
Sin embargo, los poderosos cultivadores de coca, encabezados por el falso indigenista Evo Morales (perdedor en las pasadas elecciones), se oponen al proyecto porque afecta a sus intereses. Para ello, han convencido a la turba que Sánchez Lozada quería malbaratar las riquezas del país. La lógica de este argumento (por decirle de algún modo) es que los bienes no son para remediar los males, sino para mantenerlos en el subsuelo, mientras el pueblo –dueño teórico de esa riqueza– se muere de hambre. Aún más criminal e hipócrita es la actitud de algunos bien pensantes europeos, como el director adjunto del periódico español <i>La Vanguardia</i>, Alfredo Abián, quien escribió en “El Papa y Bolivia” que derrocar al gobierno y cancelar proyectos que le abran salidas a Bolivia sería un gran homenaje al magisterio del Papa Juan Pablo II, en el 25 aniversario de su pontificado.
Supongo que para Abián, los que él llama parias bolivianos son admirables siempre y cuando sigan parias por siempre. Aislados y como carne de cañón de la progresía.
Ricardo Medina Macías es analista político mexicano.
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