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Un ensayo de las Generales

El 26 de octubre la Comunidad Autonóma de Madrid vuelve a las urnas. La segunda vez en cinco meses en la que los madrileños acuden a unas elecciones. Esta repetición electoral, es básico que no lo olvidemos, es el resultado de los problemas internos del Partido Socialista, mejor dicho de las trifulcas internas de la Federación Socialista madrileña. Es el resultado de las luchas por el reparto del poder y de las hipotecas que arrastra desde hace tres años la actual dirección federal del PSOE. Madrid repite elecciones y aquí hay tres culpables de ello: Rodríguez Zapatero, Pepe Blanco y Rafael Simancas. Su actitud poco clara, su tendencia para maniobrar bajo la mesa y su intención de gobernar a toda costa han sido las características habituales de los socialistas desde el pasado mes de junio, cuando saltó a la palestra el escándalo de la Asamablea de Madrid.
 
Con el recuerdo claro de quién es el culpable de todo lo ocurrido, es evidente que estas elecciones imprevistas en el calendario están sirviendo como un gran ensayo general para las legislativas del próximo mes de marzo. Unos como arranque y otros como prueba de fuego, todos saben que estas elecciones madrileñas, al estar aisladas en el tiempo, son determinantes para todos. En este sentido, es el primer compromiso serio de Mariano Rajoy. Es verdad que si el Partido Popular no alcanza las expectativas creadas en las encuestas, Rajoy acusará el golpe; pero también es cierto que en ningún caso el actual secretario general del PP se la juega a vida o muerte. Pero desde luego a Rajoy le vendría muy bien, en todos los sentidos, que su primer envite electoral se traduzca en un triunfo. Un triunfo, que es evidente, le reforzará sobradamente en su liderazgo.
 
Una situación que nada tiene que ver con la que vive el líder socialista Rodríguez Zapatero. El secretario general del PSOE, digan lo que digan, se la juega. Es más, del 26 de octubre depende su futuro político. Una derrota estrepitosa de Simancas en Madrid, con quién unió su destino desde el principio, puede significar una dimisión prematura de Zapatero; pero lo que nadie duda es que una derrota contundente le va a dejar mal herido; francamente muy mal herido. Quizá Zapatero no dimita, pero llegará de mala manera a las elecciones en el mes de marzo. En el Partido Socialista dicen que Madrid no son unas primarias para Zapatero; da igual, las elecciones del domingo son las definitivas del secretario general del PSOE. El lunes 27, pase lo que pase, será siempre distinto.
 
Y nos queda Izquierda Unida. Y ¡ojo!, que Gaspar Llamazares, con su gente, después de la que armó en junio en la Asamblea, no se puede quedar como sí tal cosa. Llamazares y Fernández son también máximos responsables políticos, junto a los socialistas, del desaguisado institucional. Su irresponsabilidad, su egoísmo, su actitud mentirosa y sus intenciones de poder fueron en su momento el terreno convenientemente abonado para el desastre. Después de todo lo que armaron en Junio, ahora pretenden que pase desapercibido, pero con toda seguridad los madrileños se encargarán de ponerles en su sitio.
 
Las elecciones de Madrid no se acaban el lunes 27. Para todos, para lo bueno y para lo malo, para los líderes nacionales, para las organizaciones de cada partido los resultados del domingo son muy importantes. Las elecciones de marzo pasan por Madrid, de los resultados dependerán estrategias, mensajes y objetivos; de esos resultados también depende la supervivencia de algún líder político. ¿Quién?. Pregunten a Zapatero y el lunes hablamos.
 

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