Esto exactamente es lo seguro del día después de los comités de Iowa: habrá gran cantidad de lamentos y quejas sobre el sistema. Los ganadores elogiarán a los votantes del Hawkeye State como los electores más sabios de América y celebrarán el proceso como brillante ejemplo de democracia en acción. Los perdedores lo tacharán de injusto, exclusivista, complejo, irrepresentativo, arcaico y pidiendo reforma a gritos.
Un partidario de Hillary Clinton –para gran disgusto de la propia campaña–, no supo mantener cerrada la boca antes de depositarse los votos. El gobernador de Ohio Ted Strickland se quejaba al Columbus Dispatch de que “no tiene ningún sentido” dar a Iowa el derecho a celebrar la primera competición presidencial y criticaba los comités como “enormemente antidemocráticos” porque el proceso “excluye a mucha gente”. USA Today ponía de relieve el "torpe" y "excéntrico" ritual –citando al Senador Carl Levin atacando al sistema por "irracional". El New York Times resonaba la víspera de los caucus de Iowa con un artículo lamentando la tesitura de los electores de Iowa que no serán capaces de depositar votos porque las condiciones laborales y familiares les impedirán asistir a reuniones que duran hasta entrada la madrugada.
Sí, las normas son barrocas; particularmente el arcano montaje de los Demócratas evitando papeletas y obligando a los candidatos no viables de menos del 15 por ciento de los votos en los caucus a ceder sus votos a uno de los favoritos. Sí, el cortejo a los granjeros y los intereses del etanol es nocivo. Y sí, el espectáculo de Hillary Clinton alineando niñeras y de Barack Obama programando visitas para los participantes de Iowa se antoja un estado niñera fuera de si.
No obstante, el proceso tiene sus ventajas. La política a pequeña escala es un asunto exigente. Castiga a los candidatos que preferirían limitarse a sus zonas cómodas de la Costa Este, grabar pulidos anuncios de campaña y hacer campaña en piloto automático. Exige disciplina, atención e iniciativa. Exige una piel dura, nervio y capacidad para soportar un escrutinio por parte de electores y medios enorme. Pero hay más.
El valor como gestor y el mullido colchón de campaña de Mitt Romney deberían haberle garantizado un triunfo fácil por amplio margen. Pero el ascenso sorpresa de Mike Huckabee a lo largo de las últimas semanas demuestra que el dinero por sí solo no lo es todo. Las actividades civiles importan.
El respaldo de celebridades ayuda. Pero a excepción de un remendado acto de campaña en el que la plantilla critica a un partidario local que había organizado un acto de campaña en su granja porque no alcanzaba el umbral fiscal, el prominente en el conjunto de la nación Rudy Giuliani fue visto y no visto en Iowa. Y el fracaso de Fred Thompson a la hora de alcanzar un puesto significativo demuestra que el poder del estrellato y la rumorología de Internet no son suficientes para cerrar el asunto, tampoco.
La sacudida en el bando Demócrata subraya estas ideas. Ni la maquinaria Clinton ni el factor Oprah de Obama ni las arcas de John Edwards zanjaron el temas por sí solos.
En palabras del The Economist en un editorial ofreciendo alabanzas al proceso americano: "El dinero y la organización importan mucho menos que el nervio, la agilidad y el más infalsificable de todos los atributos políticos, el carisma. Cualquier deficiencia quedará en evidencia: cualquiera con las dotes adecuadas tiene oportunidad de brillar”.
Pudimos habernos cansado y hartado de los incesantes debates y el circo de campaña, pero el proceso señaló provechosamente defectos fundamentales. La respuesta del permiso de conducir falsificado del inmigrante ilegal de Hillary puso a la vista de todos su incoherencia de fronteras abiertas. Su inmersión en los vertederos de los ensayos escolares del rival Obama demostró su profunda insignificancia. Los habitantes de Iowa –y el resto de nosotros– tuvimos oportunidad de ver cómo actúan bajo presión sus operativos y ella: insertando personas que lanzan preguntas preparadas, insinuando referencias veladas a la cocaína contra Obama, y después dejando congelar a la prensa fuera (incluyendo a una pobre niña de 9 años que quería entrevistar a Chelsea Clinton).
Podría no convenir con los resultados de los comités de Iowa (y teniendo presente que ganar en Iowa no garantiza una victoria a la Casa Blanca). Pero prefiero con mucho este sistema a un proceso que proclamase a un favorito con recursos alérgico a recorrer el país que desearía que bastase simplemente con llamar por teléfono.

