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EDITORIAL

La política como juego

El PP puede acabar de la peor de las maneras si, en vez de 'hacer política', se empeña en 'jugar a la política'.

El PP ha dado una muestra más de la esquizofrenia que sufre cuando habla de su nueva obsesión: Ciudadanos. Este miércoles le ha tocado el turno a Alfonso Alonso, el único representante del Gobierno que parece seguir en su puesto estas vacaciones, y, por supuesto, los titulares han vuelto a girar alrededor del partido de Albert Rivera.

En cierto sentido, es lógico: la irrupción de Ciudadanos como alternativa real –confirmada en las elecciones andaluzas– ha desbaratado la miserable estrategia que el arriolismo rajoyita había diseñado para mantenerse en el poder, que es lo único que le importa: con Albert Rivera y los suyos en el centro del panorama político no va a funcionar el voto del miedo a Podemos con el que el PP esperaba retener La Moncloa pese a no merecerlo.

La situación se les ha complicado y los populares parecen incapaces de cambiar de estrategia o, mejor dicho, de contar con una estrategia que merezca tal nombre. Lo que este PP y sus dirigentes hacen es dar giros tácticos que tampoco se sabe muy bien a dónde les dirigen: si la semana pasada Ciudadanos era lo peor, en esta es menos malo e incluso un hipotético socio.

Es la política vista como juego. En este sentido, resultan muy reveladores los términos empleados por Alfonso Alonso, que, probablemente de forma inconsciente, ha reclamado a los de Rivera, precisamente, que "jueguen a la política en serio".

La política, especialmente en un momento tan delicado como el que vive España, no es o no debería ser un juego táctico sin asomo de principios. Ese cortoplacismo trilero es lo que está hundiendo al PP, que puede acabar de la peor de las maneras si, en vez de hacer política, se empeña en jugar a la política.

Como para dar consejos están.

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