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Daniel Rodríguez Herrera

Acaba ya con esta tortura, Almeida

Es difícil explicar la actitud del alcalde dejándose querer y no dejando claro que es Ayuso quien debería presidir el partido en Madrid

Es difícil explicar la actitud del alcalde dejándose querer y no dejando claro que es Ayuso quien debería presidir el partido en Madrid
EFE

Lo mejor que ha hecho Pablo Casado desde que accedió a la dirección del PP ha sido, sin duda alguna, y con diferencia, poner a Isabel Díaz Ayuso y a José Luis Martínez-Almeida como candidatos a la comunidad y la alcaldía de Madrid. Ambos eran desconocidos para el gran público, pero el presidente del PP sí los conocía de sobra y les dio su voto de confianza. Los dos le han dado la razón, convirtiéndose no sólo en los políticos más admirados en Madrid, sino en el ejemplo que debería imitar el resto del partido. Y ahora mismo, Pablo Casado está haciendo todo lo posible por destruirlos a ambos.

Ayuso logró ser durante la pandemia la oposición que fue el PP durante la nefasta gestión de Pedro Sánchez. Se ha convertido en costumbre en nuestro teatro político que cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid hace o propone alguna medida contra el covid que la izquierda critica agriamente, sólo haya que esperar un cierto tiempo –que se ha reducido de meses a dos días—a que el Gobierno anuncie exactamente lo mismo. Mientras tanto, Casado se ha quedado a verlas venir. Aún hoy, de vez en cuando, los funcionarios del partido insisten en la Ley de Pandemias.

Ante la evidencia murciana del carácter traicionero y nada fiable del partido de Inés Arrimadas y el don nadie Aguado, Ayuso decidió convocar elecciones y obtuvo el mejor resultado que ha tenido el PP desde que Vox se hizo con una parte importante de su electorado. Y lo ha hecho recogiendo votos de Ciudadanos y del partido de Abascal, incluso el de algunos socialistas, todo ello sin renunciar a sus principios. Tras su triunfo, las encuestas empezaron por primera vez a dar al PP como ganador en las próximas elecciones con capacidad de alcanzar la mayoría si se aliaba con Vox. Un verdadero milagro. La luz al final del túnel sanchista.

Gracias a Ayuso, y sólo a Ayuso, Pablo Casado ha podido verse por primera vez como presidente. Pero en lugar de agradecerle los servicios prestados dándole lo único que pedía, que era el mismo control del partido en Madrid y sus listas electorales que tienen Feijóo o Bonilla, no ha hecho más que ponerle zancadillas. Nos está dejando claro a nosotros, los electores que hemos votado a Ayuso y los muchos que querrían hacerlo pero no pueden porque no son madrileños, que su PP no es el de la presidenta madrileña. Y en consecuencia, las encuestas han empezado a reflejar una nueva caída, enteramente atribuible a su estupidez y a su terror a ser desbancado por Ayuso en caso de perder contra Sánchez, un escenario que a cada día que pasa él, y sólo él, está haciendo más plausible.

Pero para suicidarse él, suicidar al PP y de paso suicidar a España ha contado con mucha ayuda. La de Teo, sí, al que pintamos como culpable de todo, pero que simplemente está sirviendo de punching ball para que los golpes no alcancen al jefe. Pero también la de Martínez-Almeida. Una palabra suya bastaría para que toda esta tortura terminara. Es difícil explicar la actitud del alcalde dejándose querer y no dejando claro que es Ayuso quien debería presidir el partido en Madrid. La más benévola con él es que se lo está pidiendo Casado, y él lo está haciendo por lealtad. Sería comprensible, humano y hasta entrañable. Al fin y al cabo, es alcalde de Madrid gracias a él.

Pero la lealtad se demuestra de muchas maneras. Una de ellas es obedeciendo perrunamente, sí. Es la más sencilla, y la que más te agradecen. Pero la realmente sincera incluye la capacidad de decir no cuando sabes que lo que te piden es un error que perjudica especialmente a esa persona a la que debes lealtad. Si Casado no es realmente un líder que merezca la pena, sino sólo alguien que está ahí poco menos que por casualidad y que vive aterrado ante la idea de dejar de ser cabeza de ratón, se sentirá traicionado y dejará de confiar en ti. Pero a pesar de ello, podrá mantener una esperanza de ser presidente tras las próximas elecciones. Y será gracias a ti. ¿No sería esta la mejor muestra de lealtad posible?

Claro que puede ser que esta interpretación mía sea completamente falsa, porque el alcalde me cae simpático y tiendo a pensar lo mejor de él, y simplemente Almeida esté en el ajo con la esperanza de ascender en el partido y ponerse en mejor disposición de heredar la cabeza de ratón. Cada día que pasa sin que anuncie en un acto con Ayuso su apoyo a que ésta dirija el partido en Madrid, este otro motivo resulta mucho más plausible. Y, en ese caso, en las próximas municipales te va a votar Rita. Maestre.

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