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Los boxeadores que pegan a las mujeres

No sé qué solución podemos dar al puñado de personas intersexuales que compiten en el deporte de élite, pero una cosa es cierta: destruir las categorías femeninas no lo es.

No sé qué solución podemos dar al puñado de personas intersexuales que compiten en el deporte de élite, pero una cosa es cierta: destruir las categorías femeninas no lo es.
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Hombres y mujeres nos parecemos mucho. De hecho, siendo miembros de la misma especie, parece seguro afirmar que tenemos mucho más en común que diferencias. Pero con todo, la evolución nos ha dejado con distintas características físicas, no sólo en lo referente a los genitales y la reproducción, debido a los distintos papeles que a lo largo de millones de años ejercíamos para la supervivencia de la tribu, que ha sido la organización social dominante durante la práctica totalidad de nuestra existencia como especie.

Esto se traduce en que los hombres tendemos a ser más altos, más fuertes, más rápidos y en general mejores en cualquier parámetro físico menos en el de la flexibilidad. Esas diferencias, que pueden ser menores cuando se compara a hombres y mujeres cogidos aleatoriamente por la calle, se exacerban cuando consideramos a las élites de cada deporte: es en los extremos de la distribución estadística donde las diferencias son más grandes. Por ejemplo, si pones a correr a un hombre y una mujer cualesquiera de edad y peso similar una carrera de 100 metros lo más probable es que gane el hombre, aunque no siempre sea así. Pero no hay ninguna atleta profesional en la historia que haya bajado de los 10 segundos en esta distancia, que es la marca mínima para poder participar en los Juegos Olímpicos si eres hombre.

Por eso existen categorías masculinas y femeninas en los deportes: para dar a las mujeres la posibilidad de competir entre ellas. La única excepción que se me viene a la cabeza donde son ellas quienes tienen ventaja es la gimnasia rítmica, donde ni siquiera existe una categoría masculina reconocida internacionalmente, no digamos ya por el Comité Olímpico. Por eso, permitir a un señor que ha decidido que es una mujer, pero se ha desarrollado físicamente como un hombre implica eliminar por completo la esencia del deporte femenino: eso es lo que ha aprobado la mucho y muy progresista ley trans de Montero y Sánchez, el borrado de las mujeres en el deporte.

En algunas disciplinas no sólo diferencian por sexo sino también por peso y por el mismo motivo: dar más oportunidades para que se pueda competir dentro de una cierta igualdad de condiciones. Si se trata de un deporte de contacto, existe una razón extra: la protección de la integridad física de los competidores. Tyson Fury no puede pelear con Canelo Álvarez. Y no empecemos con las distintas categorías de deporte paralímpico o no terminaremos jamás.

Esta forma de diferenciar las categorías deportivas ha funcionado bien para todos excepto para los idiotas que argumentan que alguien que se siente mujer es una mujer y debe poder competir como tal pese a que físicamente tenga las ventajas de un hombre. Pero como escribo para quienes sí tienen dos dedos de frente, hay que hacer notar que hay más personas excluidas: las que tienen alguna de las condiciones que se engloban bajo el concepto de intersexualidad.

El caso más conocido es el de Caster Semenya, que ganó todo y batió todos los récords del 800 femenino hasta que se descubrió que tenía cromosomas de varón y genitales internos masculinos que producían testosterona como si no hubiera un mañana. En estos Juegos Olímpicos están compitiendo dos boxeadoras con morfología femenina, pero cromosomas XY y niveles también altos de testosterona, según dictaminó en su momento la Asociación Internacional de Boxeo para descalificarlas del mundial. El COI tiene sus razones para no querer que dicha asociación se encargue de tomar decisiones en los Juegos Olímpicos, como el hecho de que está dirigida por un lacayo de Putin que hasta intentó impedir que los boxeadores ucranianos compitieran bajo su bandera. Pero al tomar las riendas y permitir que la argelina Imane Khelif y la taiwanesa Lin Yu-ting compitan no sólo se enfrentan al precedente que impidió a Semenya seguir compitiendo como mujer, al que dio el visto bueno el TAS, sino que están poniendo en riesgo la integridad física de las demás competidoras. Lo hemos visto cuando la rival italiana de Khelif ha tenido que abandonar

Sé que existen argumentos para defender que personas como Semenya puedan competir con mujeres. Aunque no me convenzan, resultan del todo fuera de lugar en deportes donde la superioridad física derivada de no ser mujeres del todo no sólo resulta injusta para las demás, sino que les puede provocar un problema físico serio. No sé qué solución podemos dar al puñado de personas intersexuales que compiten en el deporte de élite, si es que la hay, pero una cosa es cierta: destruir las categorías femeninas no lo es.

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