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Sánchez o la traición

Sánchez ha traicionado a los españoles al adoptar una decisión sobre el Sáhara que no le compete.

La política exterior es un asunto de Estado que compromete no solo al Gobierno en ejercicio en cada momento sino a toda la Nación. Por eso los países mantienen una sólida posición sobre las cuestiones internacionales que les atañen directamente, especialmente si afectan a su integridad territorial, como ocurre en España con las aspiraciones soberanistas de Marruecos. La continuidad en nuestras relaciones con los países del Magreb se rompió el pasado sábado, cuando se hizo público que Pedro Sánchez había acordado con Mohamed VI convertir el Sáhara en una provincia marroquí, en contra de nuestros compromisos internacionales y del propio mandato de la ONU, que exige un proceso de autodeterminación para el pueblo saharahui.

Sánchez ha traicionado a los españoles al adoptar una decisión que no le compete. Pero es que, además, en consonancia con su trayectoria, lo ha hecho con absoluto oscurantismo y poniendo en marcha una posterior catarata de mentiras, cuando se conoció su carta al rey marroquí, tratando de rebajar la gravedad de su traición. Al responsable de Exteriores, José Manuel Albares, le ha correspondido el papelón de mentir públicamente para salvar la cara de Sánchez, asegurando que el acuerdo con Rabat había sido negociado previamente con Argelia, el otro socio estratégico de España en la zona, de cuyas exportaciones de gas depende en gran medida nuestra economía. La respuesta de Argel, retirando a su embajador en Madrid, no solo revela que no estaba al corriente de este volantazo sanchista; también da buena cuenta de un enfado monumental que va tener consecuencias muy serias a partir de este mismo año, cuando se negocien los precios del gas para el próximo trienio.

En clave política nacional, es un hecho que el Ejecutivo social-comunista ha entrado en barrena y ya es un círculo de irresponsables liderados por un tipo que los engaña también a ellos, puesto que ninguno de los integrantes del Consejo de Ministros, salvo el titular de Exteriores, estaba al corriente de los mangoneos del presidente. El espectáculo bochornoso de los ministros socialistas y podemitas balbuceando pretextos ante un asunto gestionado a sus espaldas es la viva imagen de un Gobierno en abierta descomposición cuya única argamasa es el salario público y el uso del coche oficial de unos advenedizos provenientes del paro en no pocos casos.

Pero Sánchez traiciona también a su partido, histórico valedor de la causa saharahui, que Felipe González sellaba "ante la Historia" en sus viajes a los campamentos de Tinduf asegurando a los refugiados que el PSOE "estará con vosotros hasta la victoria final". La traición de Sánchez es otra más que cabe achacar al PSOE, el partido más dañino de la historia de España, como saben bien todos nuestros enemigos.

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