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Enrique Navarro

Los "golpistas" republicanos coparán todo el poder

El próximo martes en las elecciones de medio término, los republicanos obtendrán un triunfo histórico, copando Congreso, Senado y la mayoría de los gobiernos estatales.

El próximo martes en las elecciones de medio término, los republicanos obtendrán un triunfo histórico, copando Congreso, Senado y la mayoría de los gobiernos estatales.
El presidente de EEUU, Joe Biden, atiende a los medios. | EFE

Un observador externo e independiente debería haber llegado a la conclusión que, después de un patético esfuerzo por aferrarse al poder negando la evidencia de una enorme derrota electoral, de un intento de golpe de estado ocupando el poder legislativo y con un expresidente investigado por muy graves delitos, los republicanos estarían ya en Marte sin opciones de regresar en décadas. Pero la realidad es que el próximo martes en las elecciones de medio término, obtendrán un triunfo histórico, copando Congreso, Senado y la mayoría de los gobiernos estatales. La pregunta entonces sería ¿cómo es esto posible?

A mi juicio existen varias razones que abonan este triunfo, muchas de las cuales son trasladables al escenario europeo y nacional.

La más importante es que en Estados Unidos una enorme mayoría de hispanos y latinos demócrata no vota, ni siquiera está registrado. Esto significa que las elecciones se ganan en el electorado caucásico, y este definitivamente se mueve mayoritariamente entre el centro y centro derecha. Si analizamos las presidencias demócratas de los últimos cincuenta años, se observa claramente que solo desde la moderación y haciendo fuertes guiños al electorado conservador, se ganan las elecciones en Estados Unidos. La presidencia de Biden se ha esforzado en estos dos años en una agenda progresista que se ha olvidado de esta realidad.

Esta elecciones de medio término son muy poco ideológicas, ya que se trata de un mandato representativo, es decir cada congresista o senador tiene su propia agenda y está al servicio de su circunscripción. Por eso el aluvión de votos republicanos no debe interpretarse como un respaldo a Trump, pero sí como un rechazo enorme a las políticas de Biden que, como en muchos otros escenarios, ha abandonado el liberalismo moderado tradicional (aquí lo llamamos social democracia) por el progresismo de laboratorio que tiene una agenda propia y muy diferente.

La gran mayoría de la población percibe que el foco de atención se pone en cuestiones, que no es que no sean justas, pero que cuestionan valores muy asentados en la sociedad y que afectan a una parte muy significativa del electorado de clase media y baja, blanco y cristiano. Los demócratas, en la búsqueda de unas señas de identidad para el siglo XXI han errado el tiro, o al menos no se han percatado de donde están sus principios y sus nichos de votos.

La izquierda ha abandonado el feminismo ilustrado por uno que parece más de pandereta y que no coadyuva a los objetivos de la plena igualdad entre hombres y mujeres; ha abandonado el internacionalismo que le caracterizó por convertirse en un defensor de los nacionalismos excluyentes, como si ser nacionalista fuera una seña de identidad de la izquierda; con una política agresiva contra la Iglesia que satisface a determinadas minorías, se ha olvidado a todos los movimientos cristianos de izquierdas fundamentales en su construcción; con su intervencionismo y sus políticas impositivas ahoga a las clases medias y emprendedoras, en particular a los autónomos, que se han convertido, y los vemos en todos los países, en los enemigos acérrimos de esta izquierda.

La democracia es el poder de las mayorías, y si bien tiene como función primordial la justicia social, no puede pretender alcanzarla contra los principios de la mayoría, porque los votos no salen. La conciencia social tiene un camino tortuoso si tiene que competir contra el bienestar de la mayoría, ya que son pocas las personas que pasean en el camino de la santidad.

El tercer elemento es la presidencia de Biden. Cada día que pasa en la Casa Blanca se tiene la percepción de algo que consiguieron ocultar Roosevelt o Kennedy, sus limitaciones físicas para ejercer con la propiedad que esperan los votantes el poder. Los continuos errores convertidos en memes dinamitan cada día más y más a los demócratas, que no pueden confiar todo a que Trump no sea elegible, porque existen al menos una docena de muy buenos candidatos republicanos a la presidencia, mientras que en los demócratas solo aparecen nombres en el extremismo, que por muchos seguidores que tienen en Europa, están condenados a perder la Casa Blanca.

¿Qué debemos esperar de los dos próximos años si continúa Biden en la Casa Blanca, o si cede el puesto a Kamala Harris, que representa ese sector social ajeno a todos los americanos que no viven en California, Nueva York o Massachussets?

El choque intenso e inminente contra la Casa Blanca llevará a una ralentización de las reformas en curso con una paralización de la Administración en medio de una crisis económica que se traducirá en recesión, con una guerra en Ucrania bajo la amenaza nuclear y con unas investigaciones contra Trump que en este contexto serán vistas como una involución contra el sistema, por mucha justicia que puedan perseguir. A todo ello se suma que el mayor vehículo de desinformación e información del mundo occidental ha cambiado las reglas de juego. Veremos en qué se traduce en la práctica, pero parece que al menos habrá una empresa que buscará el beneficio, nada dan más miedo y sirven menos al derecho a la información veraz y objetiva que los medios de comunicación que pierden dinero, porque al final se deben, no al comprador de información sino al que subsidia, que impulsará la transparencia y la independencia, que no es poco, básicamente, porque solo así podrá generar beneficios.

Los republicanos en estos dos años, si bien han mostrado un respaldo, tampoco diríamos que masivo, a Trump, han buscado la moderación e incluso han llegado a importantes acuerdos con los demócratas para sacar adelante algunas reformas y esta imagen, quizás construida para borrar la imagen del tío con cuernos sentado en el sillón de la presidenta del Congreso, ha sido muy bien percibida por el electorado conservador.

La lección es muy clara para Europa. Abandonar los principios fundacionales de la izquierda y derecha, matizados, por el curso de la historia de la posguerra, nos lleva a unas políticas de extremos que persiguen más el conflicto para destacar las ideas propias y que busca potenciar el odio entre colectivos, ahondar las diferencias en lugar de coser, para marcar una agenda propia diferente. Los republicanos americanos se han mantenido fieles a sus principios ideológicos, y esta es la única razón que los llevará a la victoria. Los devaneos, los guiños incomprensibles, la política de inmediatez, la obsesión por el poder a cualquier precio, tienen un alto coste electoral y político, y aquí debemos encontrar la causa de una nueva e histórica derrota demócrata.

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