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Agapito Maestre

¿Qué tipo de gente vota al PSOE?

Son personas sin destino. No aceptan lo que son. Narcisistas sin remedio. Gente hecha de retazos y prisas. No es fácil hacerles cambiar de opinión.

Son personas sin destino. No aceptan lo que son. Narcisistas sin remedio. Gente hecha de retazos y prisas. No es fácil hacerles cambiar de opinión.
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Pocos analistas políticos dejan de levantar acta del actual desastre político, económico, cultural y jurídico de España. Los historiadores decentes saben que el actual caos no tiene parangón con el de otras épocas de nuestra reciente historia. El bajo nivel intelectual y moral de nuestras elites gobernantes es desesperante. Los ciudadanos normales presienten que vamos directamente al abismo. Sánchez y sus aliados nos rodean para reducirnos a un rebaño de animales. Ellos no saben qué es la pluralidad humana, o peor, la confunden con la multiplicidad animal. La ley del "sólo sí es sí", y otras cosas parecidas, no son chapuzas y malos engendros jurídicos sino terribles artefactos gubernamentales para acabar con la idea de ciudadanía. De individualidad. Nos tratan como presos peligrosos en una cárcel de máxima seguridad. Nos arrebatan todos los días algunas libertades y socavan nuestro espíritu de la libertad: el deseo de ser libres.

La situación política de España es trágica. La gente normal sólo piensa en las elecciones. Millones de españoles sueñan con un gobierno de coalición entre el PP y VOX. Son votantes asqueados de Sánchez y sus socios. No tienen demasiada fe en el PP de Feijóo, pero creen que con el apoyo de VOX la cosa cambiaría, incluso los obtusos de la derecha se quitarían de la solapa la insignia del 2030, distintivo del nuevo hombre-masa sin historia y sin destino. Consideran los buenos ciudadanos de España que es la única salida para detener la marcha del país hacia el caos absoluto. Muchas de esas personas han comenzado una campaña de carácter ético para persuadir a los votantes socialistas de que vamos al abismo con Sánchez. Son ciudadanos muy serios y preparados, dudan de los resultados de sus esfuerzos, pero tienen profundas convicciones libertarias y democráticas para lanzarse a convencer a esos siervos voluntarios del sanchismo. Estos buenos ciudadanos, entre los que tengo a mis mejores amigos, no desean oír hablar más que de unidad entre los españoles para acabar con el cáncer del país: el comunismo peronista de Sánchez y sus aliados separatistas.

Mis amigos en campaña moral contra el sanchismo son optimistas y no quieren por nada del mundo que nadie les cuestione la mayor ilusión que mueve sus vidas aquí y ahora, a saber, convencer a los votantes socialistas de que abandonen esa caverna. Desean liberarlos de sus cadenas para que salgan a respirar el aire fresco de la libertad. Comparto el entusiasmo de este grupo de españoles, pero para convencer de su error a esos millones de votantes, según las encuestas, esclavizados por los embelecos sanchistas, es menester que conozcamos su estructura mental. Han de saber que se enfrentan, o mejor, nos enfrentamos, a un tipo humano que domina el mundo. Son personas sin destino. No aceptan lo que son. No creen en sus profesiones, aunque algunos sean profesores de filosofía, médicos, gerentes, psicólogos, jubilados, jueces, artistas, directores de cine, políticos, sindicalistas, etcétera. Los votantes socialistas, sí, se mueven con dos o tres pobres abstracciones, por ejemplo, la izquierda es buena y los otros son malos. Es un personal incapaz de hacerse cargo de su historia y menos aún de la de su país. Cualquier cosa le sirve, sobre todo si viene de fuera… de Europa, de lo internacional, dicen ellos muy ufanos. Carecen de intimidad y por eso fingen ser cualquier cosa en todas las situaciones de su vida. Y lo que es peor: son vanidosos. Adanes. Todo nace y muere con ellos. Son exactamente iguales que Sánchez y sus ministros. No ponen jamás en duda que pudieran estar equivocados. Son tipos plenos. Nada de ponerse en la piel del otro. Nada de compararse con otros. Ellos solo quieren a los demás para que les confirmen la idea que tienen de sí mismo. Los más atrevidos llegarán a balbucear: "Malos son estos, pero los otros serán peores". Y con ese mantra llevan toda la vida. Son narcisistas sin remedio. Es gente hecha de retazos y prisas. No es fácil hacerles cambiar de opinión.

Nos enfrentamos, sí, a idiotas. Ortega y Gasset vuelve a tener razón: "El alma mediocre es incapaz de transmigraciones. Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con que el necio se asienta en su propia torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jamás".

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