
España está pagando ya las malas relaciones que ha provocado Sánchez con la Administración de EE.UU. Por ejemplo, las exportaciones de las empresa españolas a EE.UU. han empezado a pagar las bellaquerías ideológicas de Sánchez. De momento, según las fuentes de la Secretaria de Estado de Comercio, en los dos primeros meses de 2026, las exportaciones españolas a los Estados Unidos cayeron en un 12,1. Esto es sólo el inicio de lo que puede ser un derrumbe histórico de las ventas españolas en ese país. Y las cosas irán a peor… El desastre está a la vista de todos. España se cae a trozos. Su política exterior está al servicio de Irán y China. Sánchez ha conseguido enfrentarse a EE.UU. y ponerse al servicio del comunismo chino y la tiranía iraní. Nadie saldrá ileso de este asunto. Los costes son incalculables. Boberías las mínimas a la hora de analizar las relaciones entre EE.UU. y España.
Callen los estultos que dicen que Sánchez saldrá ganando. Falso. El gobierno de España ha buscado el enfrentamiento con EE. UU. Lo ha conseguido con creces y los españoles lo pagaremos. Pero, por favor, nadie diga que el tirano de la Moncloa se irá de rositas. Será perseguido por la Administración de EE.UU. hasta el último rincón del planeta. Esta sucediendo con Zapatero y también pasará con Sánchez. No creo que Soros, los globalistas y la Comisión Europea amparen a Sánchez en la batalla final. La cosa es, pues, sencilla. España sufrirá, pero será más costoso para Sánchez el castigo de EE.UU. Porque Trump sabe distinguir entre el pueblo español y Sánchez, puede hacer lo que le venga en gana con el jefe del Gobierno. Y lo hará. Está haciéndolo. Nadie crea que esperará mucho para poner a este sujeto en el lugar que le corresponde en el ámbito del submundo en que se mueve: el anacrónico comunismo de Cuba, China e Irán.
Ilusos son los periodistas españoles, repito, al decir que el enfrentamiento entre España y EE.UU. da alas a Sánchez. Todo lo contrario. Al desmontaje del sanchismo está contribuyendo Trump con inteligencia. Por ejemplo, la cumbre bochornosa de la semana pasada, en Barcelona, de líderes comunistas y tercermundistas apenas ha tenido eco al lado de la visita de María Corina Machado a Madrid. ¿Cómo no imaginar, pensar o, simplemente, sospechar que acaso la actividad política de la Premio Nobel de la Paz en Madrid había sido preparada con antelación por la inteligencia de la Casa Blanca? No creo en casualidades y menos a la altura de esta guerra entre Trump y el comunismo internacional.
Trump puede hacer mil cosas con el gobierno de España y, sin duda alguna, haría muchas más para ponerlo en un brete, si el PP no fuera un partido tan melifluo y anti-Trump. La Administración norteamericana podría suprimir las bases militares norteamericanas en España; también es posible que intensifique una relación de entendimiento con Marruecos mayor que con España; más aún, EE.UU. podría mirar para otro lado, o peor, ponerse de lado de Marruecos en su presión a España sobre Ceuta, Melilla y Canarias. Es obvio que EE.UU. podría llevar a cabo todas esas acciones. Y, por supuesto, puede arrinconar aún más a España en el seno de la OTAN, de hecho, ya ha marginado a nuestro país de la mayoría de las decisiones importantes de la Alianza. Todas esas acciones y otras mucho más sibilinas y silenciosas puede hacer Donald Trump con España.
Pero soy de la opinión que no las llevará a cabo, entre otras razones, porque la Administración norteamericana fija su política exterior a largo plazo. Y sabe que España es todavía un socio militar mucho más potente que Marruecos. Pero jugará con todas esas bazas no tanto para romper con España sino para desmontar al principal aliado que tiene Irán y China en Europa: Sánchez y sus socios comunistas. Sánchez hace política internacional con golpes ideológicos, es la forma cobarde de arruinar a su país, y Trump responde con acciones contundentes, políticas.
