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Vota Prioridad Nacional

El resultado que se busca aprovechando la riña no es nuevo: que el PP se amilane con las críticas y que Vox se crezca hasta el ridículo mussoliniano.

El resultado que se busca aprovechando la riña no es nuevo: que el PP se amilane con las críticas y que Vox se crezca hasta el ridículo mussoliniano.
El líder de Vox, Santiago Abascal, durante el acto este viernes en Cádiz. | EFE/Román Ríos

Todo parece indicar que tenemos un nuevo partido político que se llama Prioridad Nacional, fundado a medias entre Tócame Roque y el Perro del Hortelano.

La relación entre PP y Vox sigue siendo un providencial tablón para Pedro el náufrago en el piélago pestilente de su corrupción. La gran mayoría vota contra Sánchez, la gran mayoría vota centro-derecha. Y los ganadores se resisten a ganar para gobernar porque toman la política como una competición, no como un servicio público. Firmamos pero que no se pasen, firmamos pero no nos gusta. Firmamos pero…

Y la plantita de la cizaña, que crece hasta ocultar casi todos los principios, está vez ha sido la "prioridad nacional", una especie de adenda que Vox quería plantar en el jardín de los populares que ganaron sin margen suficiente, pero ganaron, en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

Ser español y mayor de edad, pero ser español, es requisito para muchas cosas, como votar en unas elecciones o ejercer un cargo público. No es una prioridad sino una exigencia excluyente, lógica e indiscutible. La prioridad nacional no es una discriminación en sí misma a no ser que se corrompa, pero en manos de la izquierda suena a lo que ellos quieran que suene con la inestimable y siempre inoportuna ayuda de la prensa. El resultado que se busca aprovechando la riña no es nuevo: que el PP se amilane con las críticas y que Vox se crezca hasta el ridículo mussoliniano. Y que los votantes se harten del tiovivo.

Pero ya que se habla de la lógica prioridad ante una regularización masiva e indiscriminada de inmigrantes, convendría que lleguen a la política otras prioridades que saltan a la vista pese a que casi siempre se esconden. Si se persiguieran con el mismo ahínco, sería todo mucho más creíble.

Por ejemplo, que sea prioridad trabajar de verdad y no echar siempre la culpa al inmigrante que trabaja y cumple, que los hay, frente al nacional vago profesional que vive de una concatenación de pagas y rechaza los empleos porque siempre se quedarán por debajo de ese sueño de Yolanda: cobrar sin trabajar.

¿Cuántos de los que están en andamios, detrás de barras o cuidando ancianos han quitado el puesto de trabajo a un "nacional"? Otra cosa es que se desvíen las atenciones prioritarias a inmigrantes irregulares en detrimento de los ciudadanos españoles que las requieren y que, además, obliguemos a las administraciones —del PP— a albergar a todo el que llega y a financiarlo. Impedirlo, más que prioridad nacional, es sentido común.

Pero jugar con la estampa de padres, bocas e hijos es más tramposo que otra cosa. Por más que lo grite Santiago Abascal:

"Lo extraño, lo extravagante, lo enfermizo es que los últimos en España sean españoles (…) Lo enfermizo sería que un padre le quite el pan de la boca a su hijo para dárselo al hijo de otro"

Tampoco estaría mal que fuera prioridad no tener la caradura de optar a becas escolares por renta —las de excelencia son otra cosa— con el todoterreno eléctrico aparcado en la puerta del cole, fraude mucho más habitual de lo que se cree y que nos lleva a denunciar con igual desolación que no hay mayor impulso a la economía sumergida que el abuso impositivo. Con menos presión fiscal aflora la honradez, por decirlo con mejor humor. Esto también debería ser una prioridad. Hay gente que necesita más ayudas que otros y hay nacionales que se lo quitan a otros nacionales y consiguen hasta dormir.

También es prioritario que una familia con ingresos normales no sea considerada como empresa a la hora de contratar a una persona para cuidar a un mayor dependiente. Y no es empresa porque de esa contratación no se deriva un beneficio económico sino un gasto ineludible pero imposible de afrontar entre subidas del SMI y cotizaciones prohibitivas a la seguridad social.

Hay muy pocos trabajadores españoles en el sector de los cuidados, ni en blanco ni en negro, así que no parece que los extranjeros les estén desplazando. Lo urgente es que, venga de donde venga, se le pueda pagar sin arruinarse uno y poder así cuidar de los que nos cuidaron.

La prioridad nacional es no cargarse la nación. Y que los hinchas de un equipo de la Liga nacional de fútbol no piten el himno nacional ni puedan cantar su odio a España. ¿Son inmigrantes los batasunos de la Real Sociedad o del Athletic o del Barsa que siempre que pueden berrean contra España y los españoles? Nos toman por eso, por extranjeros, cuando vamos al País Vasco o a Cataluña, pero ni lo son ni lo somos.

Los energúmenos que trataron de sacar de la carretera en tres furgones negros como los "cuervos" nazis de las SS a un coche que llevaba la bandera de España son españoles —mal que les pese a ellos y a nosotros— que no merecen prioridad alguna, salvo la de entrar en el trullo. ¡Son excepciones!, dirán. Claro, en todas partes las hay.

Y, por supuesto, prioridad nacional es echar al sátrapa que emponzoña todo lo que toca para ser intocable.

"Este Gobierno lo que va a hacer es reconocer derechos y va a hacer a Cataluña y España países mejores, sí, países mejores"

Fue su respuesta a Miriam Nogueras, que le reclamó elecciones porque ella pide su prioridad nacional, que es contraria a la Ley y a la nación.

Pues ahí están los derechos de los que habla Sánchez. Pisoteados impunemente en una declaración tácita de independencia realizada por el presidente del Gobierno. El golpismo cotidiano, a pie de calle…

Vox ha puesto la "prioridad nacional" como condición lógica para muchas cosas, hipócrita para otras y despreciable en el caso de los ataques al PP. ¿Es la prioridad nacional algo que perjudique al PP? ¿Acuña principios Vox con el único propósito de despegarse del PP?

Una prueba de ello es que consideraron distinto lo acordado en Extremadura que lo que se llevó a votar al Congreso de los Diputados y que rechazó el PP al no admitirse sus enmiendas. "Esto no es Extremadura" dijeron en Vox dando a entender que una cosa es un remiendo regional que les castigaría si no facilitaran el Gobierno, y otra Madrid, donde la lucha sigue siendo encarnizada.

Pero sin duda la prueba irrefutable de que Vox diseña su patriotismo contra el PP la ofreció Isabel Pérez Moñino, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid y que se ha marcado como pieza a abatir a Isabel Díaz Ayuso: "Madrid, 2027, prioridad nacional. ¿Le suena bien, ¿verdad? Tic-tac".

¿Es el siempre inexorable paso del tiempo lo que suena en la frase de Moñino o la bomba (política) de relojería que ha iniciado Vox por empeñarse en perjudicar al PP en vez de atender la prioridad de acabar con el régimen? ¿Quieren hacer de la Prioridad Nacional un principio constructivo y lógico contra la Marcha Verde de Sánchez o un partido político que aumente la distancia con el PP? El tiempo, tic-tac, lo dirá.

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