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Santiago Navajas

'Simpathy for Pedro Sánchez'

Mientras la UE apunta sus sanciones contra las conservadoras Polonia y Hungría por desmantelar el Estado de Derecho, mira hacia otro con España.

Mientras la UE apunta sus sanciones contra las conservadoras Polonia y Hungría por desmantelar el Estado de Derecho, mira hacia otro con España.
Emmanuel Macron y Pedro Sánchez | EFE

El anuncio de las Navidades va a ser de una marca de whisky. El objetivo de los publicistas es vender más alcohol de la marca en cuestión, pero su táctica no pasa por cantar la excelencia del brebaje. Al fin y al cabo, todos los whiskys hoy día son de una gran calidad. Así que hay que distinguirse por el estatus o, como es el caso, mediante la manipulación sentimental. En el anuncio en cuestión nos cuentan una bonita historia de respeto, tolerancia e inclusión respecto a unas personas que están en el candelero. Vender más alcohol con un envoltorio moralista y una sentimental canción de fondo es el signo de los tiempos, donde lo que importa no es el fondo, sino la superficie. Almas bellas borrachas.

Por ello, no hay mejor político que Pedro Sánchez. Al mismo tiempo que Mariano Rajoy escribe unas crónicas del Mundial de Fútbol con su habitual desparpajo inane, Pablo Iglesias se libra de aburrimiento haciendo un podcast tan infantil como resentido, e Inés Arrimadas se hace el harakiri mientras Edmundo Bal se dispone a cortarle la cabeza, Pedro Sánchez asalta al Tribunal Constitucional, desmantela al CGPJ, amnistía a sus aliados golpistas, indulta a los ladrones de su propio partido, blanquea a filoterroristas, se entrega a los intereses de Marruecos entregando el Sahara y, rizando el rizo, expulsa a Joaquín Leguina del PSOE. Si no fuera tan esbelto se diría el jorobado del Ricardo III de Shakespeare, capaz de asesinar a sus sobrinos con sus propias manos, cortejar a la esposa del enemigo al que mandó matar, y vender su alma al diablo y su nación a los que quieren destruirla por un puñado más de días aferrado al poder.

Mientras la UE apunta sus sanciones contra las conservadoras Polonia y Hungría por desmantelar el Estado de Derecho, Ursula von der Leyen mira hacia otro lado cuando España deja de ser una "democracia plena" bajo la égida de Sánchez. Por cierto, los mismos que certificaron la debacle democrática de España, The Economist, se rinden ante el encanto de Sánchez como si fuese una versión posmoderna del Dorian Grey de Oscar Wilde. Recordemos, nuestras almas bellas están ahítas de alcohol que las ciega.

Pedro Sánchez se asegura frente a los enemigos y gana amigos usando el presupuesto discrecionalmente, vence por la fuerza o por el fraude, se hace amar y temer por los habitantes, remplaza con nuevas las leyes antiguas, sabe ser severo (con los críticos) y amable (con los que le sostienen), magnánimo y liberal (con el dinero ajeno, el presupuesto público lo maneja como si fuera propio), conserva la amistad de presidentes y cancilleres de modo que le recompensen con cortesía solícita o se lo piensen antes de hacer daño. Todo esto decía con admiración Maquiavelo de Cesar Borgia en El príncipe y, mal que nos pese, es aplicable perfectamente a Pedro Sánchez, el último eslabón de la cadena de crímenes, fraudes y bulos en que consiste la mayor parte de la historia del PSOE.

Otto Neurath, un filósofo positivista del Círculo de Viena, nos brindó una metáfora sobre cómo funciona la ciencia: los científicos son como marineros de un barco que van reconstruyendo sin poder tocar jamás tierra firme, por lo que van reconstruyéndolo cambiando las piezas una por una en alta mar. Ahora bien, se supone que nunca podrían cambiar la estructura esencial del navío. Pedro Sánchez va un paso más allá de Neurath: está reformando el sistema político alterando a la vez el orden constitucional. El ultraizquierdista peruano Pedro Costa y los pringados de la extrema derecha alemana que pretendían dar un golpe de Estado a la vista de todos deberían haber estudiado al Príncipe de la Moncloa: ¿por qué subvertir el orden constitucional ante las cámaras si lo puedes hacer sin luz ni taquígrafos? En el siglo XXI los golpes de Estado que triunfen no será con un ejército de generales que manejen tanques, sino con un batallón de magistrados que dominen la retórica legal.

En Simpathy for the Devil, Mick Jagger interpreta al mismísimo Lucifer relatando sus crímenes con chulería y desparpajo. Nos podemos imaginar a Pedro Sánchez interpretándola, con su banda formada por Otegi al bajo, Junqueras en la guitarra eléctrica y Yolanda Díaz torturando la batería. Esta sería su adaptación:

Por favor, permíteme que me presente,

soy un hombre de dinero y buen gusto,

he robado el alma y la fe de muchos hombres.

Llámame simplemente Pedro Sánchez,

así que si me encuentras, ten un poco de cortesía,

ten un poco de conmiseración y un poco de gusto.

usa toda tu bien aprendida educación,

o convertiré tu alma en basura, uh sí.

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