
El divulgador científico Neil De Grasse publicó un tuit muy exitoso, 17.000 RT, sobre cómo saber qué estás en una secta
Tu grupo tiene un líder, generalmente un hombre. Reverencias a este líder y haces lo que te dice. Tu grupo tiene las respuestas mientras que nadie más las tiene. Y niegas activamente que tu grupo sea una secta.
Dadas sus querencias ideológicas "woke", De Grasse estaría pensando sobre todo en Donald Trump y los trumpistas, pero vale igualmente para cualquier partido político. Solo que en grado superlativo en el caso del Partido Republicano en la era de Trump y, para lo que nos atañe, el PSOE en cualquier momento de su historia.
En España se calcula que hay más de cien sectas consideradas peligrosas y que cuentan con 200.000 adeptos. Profundizando en la somera declaración de De Grasse podemos caracterizar a las sectas como movimientos en los que reina el autoritarismo absoluto sin rendición de cuentas, hay una tolerancia cero a las críticas y las preguntas, se inoculan temores irracionales sobre el mundo exterior que implican conspiraciones malignas y persecuciones y, sobre todo, se cree que el líder no solo tiene razón siempre sino que es el único medio para conocer la verdad. Por ejemplo, el líder nunca miente, simplemente cambia de opinión.
La gran diferencia entre nuestro país y otros estados occidentales es que aquí padecemos la organización institucional sectaria más grande, parasitaria y corrosiva: el PSOE. Con 200.000 militantes y varios millones de simpatizantes y votantes, no hay duda de que el partido que fundó Pablo Iglesias es la mayor secta de España, sin duda la más peligrosa. Heredero de la tradición jacobina, el PSOE se ha configurado siempre al estilo de la organización terrorista del club de debate en el que estaba inscrito Robespierre y que este convirtió en una máquina de guillotinar. Años más tarde, el bolchevique Tomski dejó como lema lo que sería el leitmotiv de los partidos socialistas, ya fuesen de clase (Lenin) o nacionalistas (Hitler): «Un partido en el poder y todos los demás en prisión».
Una de las distorsiones del sistema político español es creer que el PSOE es un partido como otro cualquiera dado que funciona como una secta. A ningún partido político europeo le soportarían militantes, simpatizantes y votantes las mentiras y traiciones que aplauden y votan en España los socialistas. Ni siquiera los partidos nacionalistas disfrutan del privilegio de la servidumbre que muestran los socialistas típicos respecto al PSOE. El resto de partidos, tanto a su derecha como a su izquierda, sufren el desgaste de la corrupción, la incompetencia y las mentiras. No así el PSOE. La normalización de esa secta institucionalizada no tiene comparación al resto de organizaciones dedicados al lavado de cerebros de sus fieles. Por el contrario, la secta PSOE ha crecido verticalmente hasta parasitar el núcleo profundo del Estado y se ha extendido horizontalmente por toda la sociedad. Véase el Tribunal Constitucional y el sistema educativo. Seguramente la clave está en este último. En España más que en ningún sitio la instrucción pública funciona en realidad como un sistema de "formación" de la ciudadanía que es en realidad de con-formación con la ideología socialdemócrata y de de-formación respecto al pensamiento autónomo y la capacidad crítica. Lo llaman "ministerio de educación" cuando en realidad es un campo de reeducación al servicio de la ideología que denominan "progresista", pero que en realidad no es sino adoctrinamiento en la mentalidad psoecialista siguiendo las pautas que establecieron Antonio Gramsci para el control mental y Herbert Marcuse para la intolerancia hacia el pensamiento que no sea políticamente correcto. A través del curriculo "invisible" obligatorio no se salvan tampoco las instituciones educativas privadas.
Simone Weil decía que todo partido político es totalitario. Se basaba en tres características definitorias según su visión de ser un partido político: es una máquina de fabricar pasión colectiva que ejerce una presión colectiva sobre el pensamiento de sus seguidores, todo ello encaminado a su única finalidad: su propio crecimiento sin límite. Funcionan por pura voluntad de poder, como el cáncer o el alien de la película de Ridley Scott. El error de Weil es creer que todos los partidos son intrínsecamente iguales. Solo unos cuantos encarnan esa querencia nihilista por el crecimiento propio a despecho de cualquier otro principio, no digamos el bien común. El partido del líder supremo Sánchez es la plasmación española de la metástasis política como único objetivo partidista. Desde esta perspectiva se entiende su supervivencia esplendorosa a través de todas sus mutaciones, del marxismo a la socialdemocracia pasando por el nacionalismo. Ninguna idea le compromete salvo que sirva a su misión fundamental: la supervivencia y el crecimiento del parásito sectario oportunista y exaltado que es el PSOE.