
Es la disyuntiva a la que se enfrentan los magistrados del Constitucional a la hora de votar a su presidente. Hay que elegir entre la teoría y la praxis. La teoría está representada por María Luisa Balaguer, la magistrada que se define marxista, esa ideología para la que el derecho no es más que parte de la superestructura con la que la burguesía, aliada con el capitalismo, somete y esclaviza al proletariado. La praxis está encarnada por Cándido Conde-Pumpido, pastelero jefe de las confiterías del PSOE, avezado perito en mirar debajo de las faldas de la ley para encontrar el enredo con el que resolver cualquier apuro jurídico. ¿Quién vencerá? Quizá, cuando lean ya se sepa si a España le espera garrote vil o inyección letal, horca o paredón. Los conservadores quieren a la republicana antes que al servil sanchista, quizá por eso de preferir una España roja antes que rota. Porque Pumpido se ha ofrecido al torpe de Pedro Sánchez para hacerle de lazarillo y conducirle sin despeñarse por el angosto desfiladero de la autodeterminación. Al menos, la otra dice defender la Constitución, aunque reconoce que no le gusta nada.
Así las cosas, todo está en manos de la progresista experta en Derecho Laboral elegida por los conservadores para evitar que fuera magistrado Bandrés, que era quien garantizaba a Pumpido la presidencia. En principio, María Luisa Segoviano fue elegida para que votara a Balaguer con los cuatro conservadores y la interesada, lo que sumaría seis votos frente los otros cinco progresistas. Tan asustado está Pumpido con esta posibilidad que le ha ofrecido a Balaguer ser su vicepresidenta, incumpliendo la tradición de que el vicepresidente sea del sector opuesto al del presidente. Sin embargo, a última hora se cuenta que Segoviano votará a Pumpido. No se sabe si quien lo dice es porque lo sabe o porque lo deduce del hecho de haberse mostrado dispuesta a estudiar si el derecho de autodeterminación cabe en nuestra Constitución, como si no fuera obvio que no. Es algo en lo que coincide con Pumpido, que por otra parte lo piensa, no por convicción, sino porque es lo que quiere Sánchez que piense para mantener unida la alianza que lo sostiene en el poder.
Sin embargo, en España las coincidencias ideológicas nunca han importado mucho. Aquí valen las lealtades personales. Y de las que tenga Segoviano, seguimos sin saber nada. Puede que ya haya comprometido su voto a Pumpido a cambio de que los vocales progresistas del Consejo la votaran y ser así elegida por unanimidad, que es como a los progres les gusta hacer las cosas. O puede que siga siendo libre para votar lo que le plazca. Haga lo que haga, a nosotros nos quedará sólo la dudosa satisfacción de ver si eligen teoría o praxis. Pero no debemos olvidar que el marxismo es las dos cosas. Y una y otra conducen al mismo barranco.
