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Agapito Maestre

¡Un chasquido de dedos!

La multitud concentrada en Cibeles intuye una gran verdad: la democracia en España está moribunda.

La multitud concentrada en Cibeles intuye una gran verdad: la democracia en España está moribunda.
La sociedad civil se da cita por la libertad, la democracia y la Constitución al grito de | David Alonso Rincón

Bastó una chasquido de dedos para que salieran miles de ciudadanos a la calle. Bastó una llamada casi inaudible de unos cuantos tipos de a pie, buena gente que dice cosas sencillas, para que llegarán a Cibeles miles de paisanos desde Cádiz, Oviedo, La Coruña, Barcelona y otros mil pueblos de España. Bastó un leve grito de los de abajo para que se abarrotará el centro de Madrid. El sábado millones de españoles se fueron contentos a dormir. Disfrutaron viendo una inmensa muchedumbre que exigía la dimisión de un gobierno traidor a la Nación y a la Constitución. Nos fuimos a descansar con una sonrisa de alegría. Vimos y tocamos con las manos que el poder es sólo del pueblo. Surge siempre de abajo y, cuando los de arriba se lo apropian, es menester salir al medio de la calle para gritar, primero, hablar después y siempre estar dispuesto a dar la vida por la libertad. El sábado fue un día para celebrar, porque miles de almas, en Cibeles y en sus casas, llamaban tirano al tipo más nefasto que ha dado esta "democracia menguante", como dicen unos finos analistas de orígenes sociatas. ¡Menguante! Pobres analistas. Se conforman con cualquier vocablo. No están en sazón.

La multitud concentrada en Cibeles intuye una gran verdad: la democracia en España está moribunda. Prueba de esa agonía es que el tirano aún sigue hoy en La Moncloa. El falsificador sigue comparando lo incomparable. Pero el tirano, nadie se engañe con vanas especulaciones, salió muy tocado el sábado. Él lo sabe tan bien como la la chusma separatista, terrorista y populista que lo protege. El sábado marchó por las calles de Madrid una multitud compuesta de individuos, moral y políticamente muy desarrollados, sin que movieran un dedo las agrupaciones locales del PP. Eso es aún más impresionante que los dimes y diretes entre una Oposición de fantoches. Los ciudadanos no necesitan al PP ni a VOX ni a Cristo que los fundó para pedir la dimisión del felón de La Moncloa. Para eso ya está la señora de Madrid y los cuatros cagalarrias que la siguen.

La manifestación de Cibeles, en efecto, no puede ser devorada por los mercachifles del espacio público, sino que tiene que ser lanzadera de una próxima manifestación. Esto no ha hecho más que empezar. Creo que el gigantón de La Moncloa intuye lo que se le viene encima. Intentará echarse en brazos del gallego y ningunear al de Alava. Pero esto ya no hay quien lo pare. Es cierto que los maestros de ceremonias del acto de Cibeles eran cualquier cosa menos buenos oradores. No dieron ni siquiera la bienvenida a los que pasaron toda la noche en un autobús para abrazarse en Cibeles a sus conciudadanos. El acto en sí resultó triste. Mas nos quedamos con una sencilla idea. No es poco. Todos nos fuimos a casa con un mensaje claro y contundente de los organizadores del acto: el gigantón está dando un golpe de Estado sin sacar los tanques a la calle sino excarcelando a los terroristas, a los maltratadores de mujeres y rebajando las penas a los golpistas y, de paso, poniendo en los lugares clave del Estado a sus amigos secesionistas. Golpe de Estado es, sin duda alguna, no dejar que la Oposición haga Oposición y ridiculizar al Jefe del Estado. Golpe de Estado es, sin duda alguna, todo lo que está haciendo Sánchez desde que echará a Rajoy con engaños y mentiras.

En fin, la próxima Manifestación, que será más pronto que tarde, no será despachada en media hora como la del sábado. Durará lo que tenga que durar. Y haremos un discurso aún más contundente que el del 21 de enero. Pero, de momento, grabemos esta fecha como una de las más importantes en la historia de la lucha de los españoles por la libertad y la democracia. Quedémonos con la imagen: un chasquido de dedos fue suficiente para movilizarse por la libertad. No fueron necesarios, repito, los apoyos de las agrupaciones locales de la Oposición. El chasquido de dedos, sí, la simple convocatoria del acto ya fue un éxito. El inicio del comienzo del bailes. El resto son mandangas.

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