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José García Domínguez

Podemos y Mercadona

El patinazo demagógico de la tapada de Iglesias resulta ilustrativo de la radical desconexión que existe entre Podemos y los trabajadores manuales.

El patinazo demagógico de la tapada de Iglesias resulta ilustrativo de la radical desconexión que existe entre Podemos y los trabajadores manuales.
La secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra. | Europa Press

Acaso siguiendo de modo inconsciente la doctrina de algún viejo independentista catalán jubilado, la ministra Ione Belarra se ha fijado muy bien en el mapa antes de señalar con el dedo al máximo accionista de una cadena valenciana de supermercados como exponente paradigmático de la explotación capitalista en el mundo contemporáneo. Lo digo porque Valencia queda casi tan lejos de Bilbao como de Vilanova de Arousa, localidad de las Rías Bajas donde todos los habitantes nos vemos obligados a realizar la compra cotidiana en un establecimiento perteneciente a cierta gran distribuidora alimenticia con nombre y capital euskaldunes, pues resulta ser el único disponible en kilómetros a la redonda.

Menos reflejos políticos ha demostrado en cambio la mandataria vasca al ir a fijarse precisamente en la cabeza institucional visible de una compañía oligopolística que, quizá precisamente por eso, se puede permitir el lujo de pagar mucho mejor a sus empleados de base, los reponedores de los lineales y los encargados de las cajas registradoras, que la mayoría de las firmas de su mismo sector. Son cosas que ocurren cuando el único conocimiento personal que se posee sobre las vicisitudes laborales y vitales del proletariado es el que procede de la lectura resumida y abreviada de algunos clásicos marxistas del siglo XIX en una cálida y confortable biblioteca universitaria.

Y es que el patinazo demagógico de la tapada de Iglesias resulta ilustrativo de la radical desconexión que siempre ha existido entre Podemos y los trabajadores manuales, eso que antes se llamaba clase obrera sin tantos tapujos lingüísticos. De ahí, por cierto, que el 15-M, aquella performance de jóvenes clases medias urbanas con alta formación académica que causó un terremoto político en España, no tuviese ni la más mínima influencia, ninguna, dentro de los sindicatos UGT y Comisiones. Y no la tuvo porque, tanto en el 15-M en general como en el caso particular de Podemos, no había obreros; ni los había ni los hay. Tan listo que parecía, Iglesias resultó incapaz de entender esa evidencia palmaria. Y por eso su desastre electoral tras empezar a vender anticapitalismo obrerista a una clientela, la suya, de clase media y media alta. No entendió nunca que los que le votaban a él eran solo clientes de Mercadona, no empleados de Roig.

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