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Emilio Campmany

Tamames, el mayor espectáculo del mundo

Tamames tiene a su alcance no sólo poner en evidencia las carencias de quien nos gobierna, sino también las de quien se le opone.

Tamames tiene a su alcance no sólo poner en evidencia las carencias de quien nos gobierna, sino también las de quien se le opone.
El profesor Ramón Tamames | LD

Es fácil que la moción de censura de Vox degenere en un circo. Todos quieren que sea así. Lo quiere desde luego Tamames, al que embriaga el foco como la luz emborracha a la polilla. Lo quiere Sánchez, para demostrar lo alocada que es cualquier alternativa a su presencia en la Moncloa. Lo quiere Feijóo, que espera que la función desautorice a Vox como opción ante su potencial electorado. Y lo quiere Abascal, que sólo piensa en dar mayor visibilidad política a su formación.

Sin embargo, cabe que el ministro de Economía que quería Alfonso Armada en 1981 se tome el asunto más en serio de lo que hasta ahora parece que lo ha hecho. Ramón Tamames será el día de la moción de censura con mucha diferencia el tipo más inteligente y más formado de la cámara. Quizá consiga dominar su vocación de vedette y logre poner a todos en su sitio a pesar del hándicap que para la rapidez de respuesta y para su locuaz ingenio supone la edad.

Sánchez, por su parte, no las tiene todas consigo. Se suponía que, a la espera del circo que montaría Tamames, la moción le reafirmaría en el poder y por eso Meritxell Batet recibió la orden de convocarla lo más cerca posible de las elecciones municipales y autonómicas. Finalmente, la sesión será mucho antes, lo que hace suponer que en Presidencia del Gobierno hay más temor a los efectos negativos que confianza en los positivos. La cuestión es que desgranar el desastre que supone el Gobierno de Sánchez en alianza con los supuestos correligionarios de Tamames es muy fácil. Y sentarse en el banco azul a ver como lo hace alguien tan inteligente como Tamames, con media España escuchando, las vísperas de unas elecciones, es arriesgado. Por eso, la cautela se ha impuesto y en el PSOE han preferido que la moción se debata antes de Semana Santa.

Feijóo se juega menos, pero Ramón Tamames puede poner en evidencia que, al menos en algunos aspectos, se puede ser un crítico mucho más eficaz que el supuesto líder de la oposición. Feijóo sólo es un buen candidato porque está rodeado de mediocridades.

Si Tamames se sacude el aire de político atrabiliario medio chiflado con el que le gusta vestirse y se pone lo serio que la ocasión merece, no sólo pondrá en evidencia las carencias de quien nos gobierna, sino también las de quien se le opone.

Para que todo esto suceda, sin embargo, es necesario que Santiago Abascal no se empeñe en atraer el foco para él y su partido, cuyos electores difícilmente se identificarán con las ideas que resulten de la intervención de Tamames. Si se calla y cede todo el protagonismo a su candidato para que ponga en evidencia a Sánchez, quizá pueda extraer algún beneficio de todo este espectáculo.

Pero la verdad es que todos conspiran para que la moción sea un circo, el candidato, el avalista del candidato, el censurado y el opositor. Así que eso será lo que probablemente tengamos: el mayor espectáculo del mundo.

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