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Emilio Campmany

¡Malditas rentas altas!

No se cae en la cuenta de que la idea es estimular la natalidad, no proteger a las rentas más bajas, para las que hay ideadas otros muchos beneficios.

No se cae en la cuenta de que la idea es estimular la natalidad, no proteger a las rentas más bajas, para las que hay ideadas otros muchos beneficios.
EFE

Lo inquietante del asunto del bono térmico no es que Mónica García, como rica de verdad que es, no sepa lo que paga o lo que ahorra y acuse a otro del pecado que ella misma comete. Lo terrible es la categorización de la anécdota que inmediatamente ha hecho la sociedad española, con los medios de derechas a la cabeza. Por legal que sea, resulta al parecer intolerable que alguien con las rentas del consejero Ossorio se beneficie de un bono térmico pensado para familias numerosas. No se cae en la cuenta de que la idea es estimular la natalidad, no proteger a las rentas más bajas, para las que hay ideadas otros muchos beneficios que no alcanzan, como es lógico, al señor Ossorio. Y, sin embargo, España es hoy un clamor generalizado contra la posibilidad de que alguien como Ossorio pueda beneficiarse del dichoso bono.

El estúpido argumento puede llevarse hasta el infinito y convenir que las rentas altas no tengan derecho a la educación y a la sanidad públicas ni a ninguna posible subvención. Pasó lo mismo con la subida de las pensiones para adecuarlas a la inflación. A todos, incluidos los medios de derechas, les pareció inmoral que se subieran todas por igual, dando por hecho que tal subida debía haber afectado sólo a las bajas, nunca a las altas. Un proceder que a la larga habría desembocado en la igualdad de todas ellas a pesar de seguir siendo desigual la contribución que durante su vida laboral hizo el pensionista. Pasó algo parecido con los veinte céntimos de la gasolina, del que se exigió que beneficiara sólo a las rentas bajas, conforme exigieron también los medios de derechas. Si no se hizo, como en tantas otras ocasiones, fue por falta de medios burocráticos, no por ausencia de convicción ideológica. De hecho, en la práctica, la mayoría de beneficios pensados sólo para rentas bajas no llegan a quienes los necesitan porque la Administración carece de los recursos necesarios para determinar quién tiene derecho y quién no a beneficiarse de ellos.

Lo gracioso de todo esto es que, cuando se quejan los medios, incluidos los supuestos liberales, de que "los ricos" no deberían tener derecho a ninguna ventaja, por mucho que no esté destinada a proteger a "los pobres", hay cosas que nadie quiere limitar. Esto ocurre cuando hay prejuicios ideológicos aún más fuertes que el de la igualdad, que ya es decir. Pongo dos ejemplos. Los productores de cine son en general gente de posibles y sus rentas están probablemente en la mayoría de los casos por encima de las del consejero Ossorio. Pues a nadie se le ocurre exigir que se las den sólo a los productores con rentas inferiores a pongamos treinta mil euros al año, limitando así un poco el derecho a filmar bodrios con nuestro dinero. Tampoco a nadie se le ha ocurrido privar de las subvenciones al coche eléctrico a las rentas altas que compren uno porque entonces no se venderían. Será que la emergencia climática es tan urgente que en esto se puede hacer la excepción de beneficiar a los ricos, aunque no lo merezcan. Fariseos de la igualdad todos, los de izquierdas y los de derechas.

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