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Agapito Maestre

Un pronóstico real

Los Feijóo y Abascales se las prometen muy felices olvidándose de lo fundamental: los españoles.

Los Feijóo y Abascales se las prometen muy felices olvidándose de lo fundamental: los españoles.
Pedro Sánchez | Europa Press

Sucedió hace una semana. Está presente en el recuerdo de los ciudadanos. Los medios de comunicación no consiguen ocultarla. Persistirá en la memoria de todos hasta el final de la legislatura. No es fácil pintar las jornadas parlamentarias de la pasada moción de censura. No sobran las miradas suaves, claras y casi siempre envueltas en un halo de tristeza. No es sencillo pintar la realidad para pensarla con sazón. En España la madurez política cedió sus dones a la perfección de la ideología. El engaño de la colectividad y el autoengaño del solitario se dan la mano para no enfrentarse a la tragedia política. El pensamiento político derivado de la descripción de lo visto es escaso por estos parajes. Falta coraje intelectual para darle a todos la palabra sin caer en la estrepitosa desesperación. Ruido y más ruido inunda el espacio público político para aturdirnos de lo real.

Todos ganaron y nadie perdió en ese acto político. ¡Extraño resultado de un Parlamento que solo existe en el imaginario colectivo de quienes aún creen en el sentido de una democracia como autolimitación! Lejos de mí escribir sobre la moción de censura con el celo de un intérprete desenmascarador, menos aún me mueven las ambiciones metafísicas y tampoco me regodeo en la vanidad del escéptico. Mi propósito es más modesto: ¿es posible extraer un diagnóstico mínimo de lo tratado en esas sesiones contra el Gobierno de España? No lo sé. Pero me atrevo a formularlo de modo elemental. Lo decisivo es responder a la pregunta: ¿podría ganar las próximas elecciones el Presidente del Gobierno censurado por Vox? Y aquí no me cabe la menor duda, si me dirijo por las posiciones, actitudes y decisiones explícitas de PP y Vox, dos partidos, a veces, enfrentados en casi guerra civil.

Sánchez, sí, pudiera ser reelegido por una de sus principales propiedades: el Parlamento. Digo bien: el "Parlamento Nacional" es utilizado como una propiedad particular de Sánchez. El llamado poder legislativo, en efecto, hoy sólo funciona como una extensión del Ejecutivo de Sánchez. Ha desaparecido como órgano clave del sistema político. Esta institución apenas es un remedo retórico, una parodia, de un original poder de creación democrática. Y, por desgracia, esa propiedad tan cara a los socialistas, los comunistas y los separatistas podría seguir siéndolo en el futuro, si PP y Vox no conforman una alternativa política sólida basada en una estrecha relación de colaboración en todos los ámbitos.

Mas si los vínculos entre esos dos partidos siguen funcionando como en la moción de censura, o sea, entre el síndrome de Epimeteo y las eterna promesas de Prometeo, preparémonos para lo peor. Empecemos ya a reconocer que el principal peligro de la actual situación política no es la guerra en general, sino la guerra civil que es donde alcanza su primer y último sentido la guerra de la que tanto hablan unos y otros. La "derecha sin remedio" española promete, pues, seguir dándonos días de sombra y zozobra; bien por falta de ubicación en el mundo, derivada de su carencia de humildad, o bien por su incapacidad previsora, un estar sin ser, los Feijóo y Abascales se las prometen muy felices olvidándose de lo fundamental: los españoles. Tengo la sensación de que nuestro futuro ya no está en juego. Me temo que pudiera estar determinado por el presente. Epimeteo, sí, el hombre epimeteico, ese que se conforma con vivir en el mundo de las apariencias y las sombras, mueve de manera similar las personalidades de Feijóo y Abascal. He ahí otra de las tragedias de un país que no se adapta fácilmente a vivir sin libertad.

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