Las encuestas de las últimas semanas coinciden en que los grandes feudos autonómicos controlados por PSOE podrían acabar en manos del Partido Popular después del 28-M, si bien los populares necesitarían el apoyo de VOX para constituir sólidas mayorías parlamentarias y formar gobiernos estables. Pero no solo se trata de comunidades como la Valenciana o Castilla-La Mancha las que pueden cambiar de signo político, sino también ayuntamientos de capitales de provincia tan significativos como Sevilla, feudo histórico del PSOE, que según las últimas encuestas podría también acabar controlado por el PP con un apoyo prácticamente simbólico del partido de Abascal.
Las proyecciones de voto son también halagüeñas para Núñez Feijóo en el caso de importantes capitales de provincia gobernadas por los populares como Zaragoza o Málaga, donde revalidarían la alcaldía, al igual que en el caso de Murcia, donde los socialistas se hicieron con el ayuntamiento tras una moción de censura, pero volvería a tener un alcalde popular a poco que se confirmen los sondeos. El poder municipal del PP saldría fortalecido de las próximas elecciones autonómicas encabezado por el ayuntamiento de Madrid, donde hasta las encuestas más cortesanas de Sánchez admiten que Martínez-Almeida volverá a ser alcalde después del próximo 28 de mayo con un resultado cercano a la mayoría absoluta.
Al PSOE le quedaría el magro consuelo de la alcaldía de Barcelona, y eso en el caso de que alcanzara un acuerdo de Gobierno que se antoja improbable dada la atomización del voto entre socialistas, separatistas y los podemitas de Ada Colau.
La salida de la izquierda de corporaciones municipales señeras como las descritas tendrá consecuencias favorables en la vida de los ciudadanos de esas ciudades, especialmente tras una legislatura en que los partidos de Gobierno han reproducido en todas las instituciones que gobiernan las mismas obsesiones sectarias que han caracterizado la labor destructiva del Ejecutivo socialpodemita. Pero es que, además, una debacle izquierdista en las inminentes elecciones autonómicas y municipales sería el principio del fin del sanchismo, que consumiría los pocos meses que quedan hasta las elecciones generales tratando de mantener a flote los apoyos de una coalición antisistema que ya ha empezado a hacer agua por todas partes.
Ante este panorama, no es de extrañar que los barones autonómicos socialistas prefieran prescindir de Sánchez en la inminente campaña electoral. La imagen del presidente del Gobierno es la de un oportunista sin escrúpulos vendido a extremistas y separatistas, un argumento electoral demoledor que puede llevar al PSOE a una debacle histórica incluso en feudos donde tenía garantizado el poder como el ayuntamiento de Sevilla, todo un símbolo del cambio de ciclo político que se avecina.

