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Mario Garcés

Sánchez en el sendero de los nidos de araña

La asociación provisional ideada por el arquitecto Sánchez puede tener riesgos severos de ruptura. O no. Y esta es la gran cuestión

La asociación provisional ideada por el arquitecto Sánchez puede tener riesgos severos de ruptura. O no. Y esta es la gran cuestión
Pedro Sánchez. | EFE

Paseando estos días por el Navigli mayor de Milán, me atrajo la atención el escaparate de una librería de ocasión donde se exponían las obras completas de Ítalo Calvino, a cien años vista de su nacimiento. "Tal vez, en el fondo, el primer libro es el único que cuenta, tal vez habría que escribir ese y nada más", sostuvo más de una vez el autor y, probablemente por esa razón, me detuve a contemplar la portada de l sentiero dei nidi di ragno, su ópera prima y, al fin y al cabo, una de sus mejores creaciones. Quizá muchos españoles que plagaban estos días la capital de Lombardía habrían reparado, por el frío extremo, en la portada de "Si una noche de invierno un viajero", una de sus postreras obras. Mi predisposición natural a convertir los títulos de las novelas en actualidad política me llevó a retener en mi memoria la encuadernación del libro de lance.

Pin, el protagonista de la novela, roba una pistola a un marinero alemán y, desconfiando de los adultos, la oculta en un lugar misterioso, que él llama los "nidos de araña". Si se acepta metafóricamente la figura retórica, Sánchez, en el laberinto de nidos de araña de los socios de su bloque, ha enterrado una pistola. Quien active el detonador, puede poner fin a la asociación temporal de intereses activistas e identitarios que conforman el "gotelé" del nuevo Gobierno. Porque, así las cosas, la asociación provisional ideada por el arquitecto Sánchez puede tener riesgos severos de ruptura. O no. Y esta es la gran cuestión.

España, como gran parte de Europa, vive una crisis política latente, a izquierda y a derecha. Hay una alergia lastimosa a resolver los grandes problemas de nuestro país, y se ha acabado imponiendo a lo largo de las dos últimas décadas la no-politica basada en el pragmatismo y en el posibilismo, resultado especialmente de la crisis de los partidos políticos. Sánchez es el máximo paradigma de ello, pero no el único. El ensimismamiento de las formaciones políticas, que han hecho de la militancia una forma inalterada de gregarismo, ha agravado el déficit del sentido de la gran política. Y todo va a peor. La política parasitaria formulada como un modus vivendi ha convertido las elecciones en un torneo donde se gana en bloque, por la vía de explotar las debilidades del otro y de vender impúdicamente como propios los avances continuos de una sociedad libre. La plurinacionalidad activista no es sino una reproducción interesada de la antipolítica del victimismo y del clientelismo en su peor versión.

Sánchez supo entender, para su propio provecho personal y el de los suyos, la letra que entona puño en alto: "Agrupémonos todos en la lucha final". Acabar con la política de bloques en España es una aspiración deseable pero, para ello, por mucho que parezca un "oxímoron", hay que acabar con el bloque de la "murocracia". Muy acertada es la visión de Javier Redondo cuando da cuenta del comportamiento de la izquierda en España: "La preponderancia de la regla de la mitad más uno genera división, excitación y confrontación pues libera de la necesidad de contar con mayorías reforzadas: basta afianzar el bloque propio. Así pues, la imposición de la lógica de la mitad más uno conduce a la quiebra del principio del respeto de la minoría. La aplicación inmisericorde de la regla de la mitad más uno nos aproxima hacia la "tiranía de la mayoría", que denunció primero Tocqueville tras sus viajes a América –su llegada coincidió con la Presidencia de Andrew Johnson, impulsor del spoil system (todo el botín para el vencedor)– y poco después, John Stuart Mill. La "tiranía de la mayoría" deviene, necesariamente, en un "proceso de concentración del poder".

Quien entienda que el Partido Socialista Obrero Español es como El vizconde demediado del escritor italiano, comete un error de lesa gravedad y de consecuencias imprevisibles. En la novela, el protagonista es partido en dos por una bola de cañón, y de resultas de aquello, se convierte en dos personas: Gramo (el malo) y Buono (el bueno). El óxido político y el voluntarismo pueden llevar a pensar que el Partido Socialista Obrero Español sea un ente bicéfalo con dos ánimas espirituales. Terminantemente falso. Son unos y únicos, porque son huéspedes de una misma fonda, que se llama Hostal supervivencia.

La argamasa que une a las rémoras a la piel de Sánchez es el odio al enemigo. El contrafactual de que la derecha pudiera gobernar en caso de deshacer la asociación de libre comercio de intereses partidistas los convierte en una fuerza marmórea, por mucho que las hipérboles retóricas y los deslices semánticos sean lugar común, para satisfacción de las huestes más mórbidas. "Donc, pas de politique sans enemi" (Por lo tanto, no hay política sin enemigo) así define Julien Freund uno de los presupuestos de lo político, el amigo-enemigo. A su manera, los socios de Sánchez, como él mismo, hacen profesión de fe del versículo "Amad a vuestros enemigos" (Mateo, 5, 44; Lucas, 6, 27). Es la esencia de lo político, en España y en el resto del mundo.

La izquierda, para consumo propio, ha convertido a la derecha en su querido enemigo, con supercherías, falsedades y simplezas históricas, mientras que la derecha no ha sabido siempre comprender las reglas del torneo. Respecto a la historia, la izquierda en España es como el Ángelus Novus que Benjamin ve en el cuadro de Klee. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Una tempestad sopla desde el paraíso, se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que él no puede ya cerrarlas. "Esta tempestad lo empuja irresistiblemente hacia el futuro, al que da la espalda". Como Sánchez, hacia el futuro mirando hacia atrás.

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