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Emilio Campmany

¿Quién manda aquí?

Alguien, además de Puigdemont, está apretándole el dogal a Sánchez insuflándole el coraje del que carece para hacer lo que debería haber hecho desde el principio.

Alguien, además de Puigdemont, está apretándole el dogal a Sánchez insuflándole el coraje del que carece para hacer lo que debería haber hecho desde el principio.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este martes en el pleno del Congreso de los Diputados en Madrid que debate la ley de amnistía. | EFE

Inopinadamente, de repente, el PSOE se ha puesto farruco, ha sufrido un acceso de dignidad y le ha dicho a Junts que hasta aquí hemos llegado. En principio, el arrebato ha de ser saludado con júbilo. El presidente del Gobierno se ha acordado de que lo es y se ha opuesto a las pretensiones de los golpistas catalanes. Podría concluirse que, teniendo ya la investidura, ¿para qué va a cumplir Sánchez con la promesa de que Puigdemont quede impune? No tiene por qué. Pero, el argumento no vale. Si no le importara contar con Junts, al menos hasta aprobar los presupuestos, habría retirado la ley de amnistía y que le den al prófugo. Pero no es eso lo que ha pasado. ¿Qué hay en las enmiendas de Junts de deshonroso que no esté ya en la proposición que en su día presentó el PSOE y que consintió enmendar para que se amnistíen también los delitos de terrorismo siempre que no hayan acabado en asesinato?

La explicación que transmiten los voceros de los socialistas es que la ley, con las enmiendas que pretende Junts, sería inconstitucional. No se puede alegar argumento más tonto. La ley ya es inconstitucional, con o sin enmiendas de Junts. Una explicación sería que Pumpido le ha dicho a Sánchez que, estando dispuesto a pasar por casi todo, por esto que quiere Junts no lo está. Y que Sánchez no quiera ser humillado por un Constitucional que se supone hace y dice lo que él quiere. Pero esto tampoco es creíble. Nuestra Constitución no consiente una amnistía, pero, de hacerlo, como con tanta vehemencia como ignorancia defienden los socialistas, no excluye de ella ningún delito. Ni siquiera los de terrorismo o alta traición. ¿Entonces? Quizá la cuestión esté, no en la Constitución, sino en los tratados europeos. A lo mejor Sánchez teme que, con las enmiendas de Puigdemont, la ley no pase la criba del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Es posible, pero no lo es menos que el texto de los socialistas tampoco es probable que lo pase. ¿O sí? Y si Sánchez ha recibido garantías de que la norma, tal y como está y siempre que no vaya más allá, pasará el tamiz europeo, ¿quién ha ofrecido tal garantía?

A nadie puede caberle ninguna duda de que, con tal de seguir contando con el apoyo de los golpistas, Sánchez está dispuesto a vender a su madre. Si de repente no lo está es porque alguien le ha amenazado con consecuencias más graves, un revolcón del Constitucional o, aún peor, un varapalo europeo. Todo esto a Puigdemont le da igual. Lo que quiere es volver impune a Cataluña y, si luego España es sancionada por no respetar el Estado de derecho o el Constitucional declara inconstitucional la ley, pero declara sus efectos irrevocables, nada le importará. Sin embargo, a Sánchez no le da igual. Quiere amnistiar a Puigdemont, que es a lo que se ha comprometido a cambio de que lo invistiera, pero no si por hacerlo tiene que sufrir un revolcón en una u otra instancia. Y eso, aunque la impunidad de Puigdemont sea irrevocable. Es ésta además una posibilidad muy real, con el texto actual o con cualquier otro, algo de lo que ya advertía José Luis Manzanares en un importantísimo artículo en estas mismas páginas y que pasó, salvo error u omisión, inadvertido.

Alguien, además de Puigdemont, está apretándole el dogal a Sánchez insuflándole el coraje del que carece para hacer lo que debería haber hecho desde el principio, que es negarse a darle a Junts todo lo que pida. ¿Quién es? Ni idea, pero, que hay alguien ahí, es indudable.

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