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Emilio Campmany

La última 'matrioshka'

Una cosa es colaborar con un golpista y otra ser uno de los amigos de Putin en Europa junto con gente como Le Pen o Salvini.

Una cosa es colaborar con un golpista y otra ser uno de los amigos de Putin en Europa junto con gente como Le Pen o Salvini.
El expresidente de la Generalidad Catalana, Carles Puigdemont. | Alamy

En España, creemos que nuestro país es irrelevante y es imposible que pueda despertar el interés de ninguna potencia extranjera. Por eso, cuando aquí se destapa algún escándalo de espías, pensamos que son historietas de Anacleto, agente secreto. Sin embargo, la conexión de la inteligencia rusa con el independentismo catalán es muy real. La Rusia de Putin quiere pagar con la misma moneda las injerencias europeas en la antigua Yugoslavia. Y dónde mejor que en Cataluña, que disfruta un movimiento independentista pujante y unos líderes secesionistas con el cerebro de un mosquito.

Los socialistas españoles no han tenido otro remedio que votar la resolución del Parlamento Europeo en la que se pide investigar las injerencias de Rusia en la Unión Europea y que cita en concreto el caso de Cataluña. Pero, más allá de que los jueces españoles puedan encontrar pruebas suficientes para condenar a alguien, el PSOE no puede contar como aliado con un partido que concita todas las miradas por sus connivencias con Putin. Mucho más cuando el líder ruso ya no es un verso suelto, sino el belicista enloquecido que pretende reconstruir el imperio soviético a base de obuses de 155 milímetros. Si el PSOE aprobara una ley de amnistía que incluyera los delitos a los que podrían ser condenados algunos soberanistas por su colusión con una potencia extranjera para desestabilizar España, la investigación cesaría ya que sería inútil por haber sido los sospechosos amnistiados y ser imposible conseguir ninguna condena. Esto convertirá al PSOE en cómplice y su imagen en Europa quedaría definitivamente manchada. Una cosa es colaborar con un golpista, que es algo que en España, no se sabe por qué, toleramos sin problema, y otra ser uno de los amigos de Putin en Europa junto con gente como Le Pen o Salvini. Por otra parte, Sánchez tiene desde hace meses lo que quiere, la presidencia del Gobierno y para qué se va a dejar más pelos en la gatera. Que el enfrentamiento con Junts lo deje en minoría le trae al pairo, como ha filtrado a la prensa amiga con el desahogo que le caracteriza.

De forma que a Puigdemont le queda tan sólo la posibilidad de apoyar la ley de amnistía tal y como está, y que se vean beneficiados la mayoría de encausados, pero no él, o romper la baraja, darle una patada a la mesa y que sea lo que Dios quiera. Es imposible saber lo que hará. Votar la ley de amnistía tal cual sería lo lógico, pero tiene el inconveniente de la incoherencia con su anterior negativa, además de hacerle parecer tan manso como los de la Esquerra. Pero, si sigue oponiéndose y el PSOE aguanta el chantaje, se habrá quedado sin amnistía y sin balas en la pistola, a menos que esté dispuesto a hacer presidente a Feijóo a cambio de nada. Y eso siempre que el gallego quiera y Vox lo consienta. A Puigdemont sólo le queda una matrioshka que sacar. A ver a quién se parece, si a Turull o a Santos Cerdá.

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