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Javier Somalo

Los inidóneos

Cada vez se requiere el concurso de más cómplices para contentar al presidente perdedor en su afán por quedarse las llaves del Falcon.

Cada vez se requiere el concurso de más cómplices para contentar al presidente perdedor en su afán por quedarse las llaves del Falcon.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de control al Gobierno. | Europa Press

Lo de la amnistía tiene sus ventajas. Tanto trasiego para cumplir las condiciones de Puigdemont está levantando acta pública del golpe de Estado. Estamos, de hecho, ante la verdadera instrucción de la rebelión sin ensoñaciones y con las cartas boca arriba. Las últimas: el terrorismo y la traición en colaboración con el Kremlin. Cualquiera de ellas puede echar abajo la amnistía, mero aperitivo del banquete que Puigdemont pretendía darse a costa de las ansias de poder de Sánchez. Y si se cae el pacto, habrá ratas que empiecen a buscar las maromas para bajarse del barco.

No hay automatismos que obliguen a Sánchez a convocar elecciones por coitus interruptus pero no cabe duda de que sin leyes que aprobar y con la economía en picado se empieza a esfumar el poder. Ya se notan las angustias en los maseteros del figurín de La Moncloa. Eso no falla.

Europa, en su lentísimo despertar —de momento es un simple espasmo—, se ha escandalizado con el asunto de la injerencia rusa en el golpe catalán o lo que es lo mismo, la colaboración de Putin con Puigdemont. Quieren investigarlo porque podría tener más patas en otros países de la Unión. Así que por fin la Eurocámara se ha dado cuenta de que el famoso "asunto interno" de España era en realidad una amenaza como un piano para toda Europa. Algo es algo.

Si el despertar europeo durara un poco más quizá hasta se dieran cuenta de que lo mismo sucede con la inmigración ilegal que nos envían periódicamente desde Marruecos como parte de su ciclotímica política exterior. No, tampoco es un problema interno español, nada más lejos. Y ya sería un milagro si también exploraran el riesgo de que el comunismo chino haya asentado en España, en Europa, un gigantesco pilar de su expansión. También se puede ayudar si dejáramos de hacer el imbécil llevando competiciones futbolísticas y equipos europeos a países árabes que no respetan los derechos humanos. En fin, Europa, cuna y túmulo de la civilización: nihil novum sub sole. Si despierta, habrá que saludarlo y jalearlo pero sin olvidar ni un momento que lo primero que recibió el prófugo en su huida fue protección y cierta admiración.

Por eso y por la enormidad burocrática europea cabe sospechar que la investigación sobre el frente ruso del golpismo no será lo exhaustiva que requeriría la gravedad del presunto delito. De momento habrá que contentarse con que haya frenado la chulería de los dos vanidosos que nos tienen perdiendo peso, dinero, tiempo y paciencia.

La importancia de Galicia

Las elecciones regionales gallegas que se celebran este domingo 18 de febrero son cruciales. Acecha el separatismo, engordado por el débil socialismo que ya sólo aspira al poder si se adhiere a un nacionalista. Como muestra, los del BNG quieren policía propia, o sea Brigada Nacionalista Galega, digamos antiespañola. Ni un milímetro menos que Otegui, ni un pelo más atrás de Puigdemont, faltaría más. Ana Pontón tiene muchos padrinos en los medios de comunicación que la consideran el cambio y la renovación pese a llevar más tiempo en el Parlamento gallego que Feijóo. De todas formas, poca renovación hay en estos partidos de estricta observancia marxista leninista. Para curiosos sin tiempo de lectura inmediata, se recomienda vídeo de urgencia en el que Raúl Vilas y Manuel Llamas conducidos por Silvia Riveiro dicen lo que de verdad importa del BNG.

Si nuestros separatistas tienen o ansían su policía es para perseguir a los que no somos separatistas y echar de allí a la policía que nos defendía de ellos. Y luego, si resultaran pocos, ya llegarán los brigadistas de Putin a cualquier rincón donde España —y Europa— desaparezca.

Lo último que necesitamos es que Galicia caiga en manos de algo que pueda tener olor nacionalista. Este viernes, en la Sala Curuxeira del Puerto de Ferrol, el PP gallego y los gallegos del PP —allí estuvieron Alberto Núñez Feijóo; el alcalde de Ferrol, José Manuel Rey; el presidente de la Xunta y candidato, Alfonso Rueda y hasta el portavoz parlamentario del PP Miguel Tellado— demostraron buena forma, cabeza fría y la justa desconfianza que requiere todo proceso electoral con enemigos al acecho. Ahora sólo hace falta que los gallegos voten, llueva, viente o truene, llámese como se llame el temporal, si lo hubiere.

Y después, a pertrecharse de principios, coraje y decisión en todas partes, también en Valencia y Baleares. Es el momento de frenar un mal que, inexplicablemente, se ha negado y luego respetado y hasta venerado en España desde hace mucho tiempo: el nacionalismo. Y para colmo, buscando siempre "el encaje", la convivencia. Como si una zorra, tan de moda, pudiera encajar en un corral de gallinas o un lobo en un redil de ovejas. El nacionalismo excluye siempre, por definición. Ni agua.

El PP tiene ahora suficiente poder territorial para afrontar esa batalla diaria y Pedro Sánchez se desespera a la vista de todos. Se acerca su peor momento.

Necesarios para el mal, inidóneos para la democracia

El Fiscal Inidóneo del Estado, Álvaro García Ortiz, no sólo abraza efusivamente a la ministra y vicepresidenta Yolanda Díaz sino que quiere ser eslabón principal del proceso revolucionario. De casta le viene al galgo que tomó el relevo puñetero de Dolores Delgado, íntima del expulsado Baltasar Garzón y ministra de Justicia antes que Fiscal General. ¡Cuánta inidoneidad necesaria para la revolución y la elegía de la Ley!

Recuerdan en la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales (APIF) que Álvaro García podría ser idóneo si no fuera por el feo detalle de estar "condenado por el Tribunal Supremo, como Autoridad que actúa con desviación de poder". La conclusión cae sin apenas esfuerzo:

"El Sr. García Ortiz, a nuestro juicio no es idóneo para desempeñar, conforme a la Constitución, las funciones que tiene asignadas el FGE, entre ellas la jefatura de todos los fiscales de España".

Por lo demás, parece claro que bajo la tupida toga del inidóneo general desaparecerán por arte de birlibirloque el terrorismo independentista, la traición y el Ejército Rojo al completo precedido por el KGB. Un vuelo de esa toga y ¡chas! ni rastro de delito. Después, una amplia sonrisa.

Otro imprescindible: Cándido Conde Pumpido, presidente del Tribunal Cándido y ex fiscal general polvoriento que estampa el sello constitucional donde le digan, incluso en la Ley que él mismo ha redactado sin rubor. Y otra: la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, que maneja y tejemaneja para que la Ley de Amnistía vuelva como de nuevas al Congreso: ¡Uy, una ley de Amnistía! ¡Pues nada, la votamos! Y su letrado mayor, Fernando Galindo, que es letrado de parte, lo ve estupendamente democrático y hasta se libra de explicarlo.

Cada vez se requiere el concurso de más cómplices para contentar al presidente perdedor en su afán por quedarse las llaves del Falcon. Llegan para cumplir con el proceso rupturista sin cumplir con la Ley. Sin tantas personas dispuestas a subvertir el orden y la ley no estaríamos en el peor momento de la democracia, en serio riesgo. Son inidóneos para la democracia, imprescindibles para el mal. Pero el proyecto se les empieza a torcer gracias a sus lagunas, ingenuidades y abusos. La amnistía está ya en su contra y los idóneos se animan a salir en defensa de la Ley. Si hasta Europa parece cosa seria.

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