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Cayetano González

El error fue sentarse con Junts

Errores así desconciertan a los militantes y votantes que han sido convocados en los últimos meses a manifestarse en la calle contra la amnistía y los indultos.

Errores así desconciertan a los militantes y votantes que han sido convocados en los últimos meses a manifestarse en la calle contra la amnistía y los indultos.
Alberto Núñez Feijóo | LD/ AGENCIAS

Está claro que al PP últimamente se le atragantan las campañas electorales, y más concretamente, la última semana de las mismas. A siete días de votar en Galicia, una filtración realizada por la propia cúpula del PP —se dice que fue una comida celebrada el pasado viernes por Feijóo con un grupo de periodistas— sobre la hipotética postura a favor de un indulto a Puigdemont si se cumplieran unas determinadas condiciones, junto al reconocimiento de que se mantuvieron unos contactos con Junts el pasado mes de agosto tras los que se rechazó la petición de los de Puigdemont de que el PP apoyara la amnistía, ha dinamitado la campaña gallega, abriendo una polémica bien aprovechada por Sánchez y su coro mediático sincronizado.

Tal es el follón que se ha montado tras la publicación del contenido de esa comida, que ha tenido que ser el propio Feijóo el que en una declaración realizada este domingo en Ferrol, ha vuelto a fijar de forma pública la posición de su partido. Y lo ha hecho de una forma clara y contundente: no a la amnistía, no a los indultos y que los procesos judiciales sigan su camino, después de haberse filtrado también que el PP, al igual que Sánchez, consideraba que iba a ser muy difícil imputar a Puigdemont por delitos de terrorismo.

La prueba mas evidente de que el PP no cedió ante Junts, es que Feijóo no es presidente del Gobierno. Por eso se entiende mal que ahora se enrede en un encuentro con periodistas en unos posibles posicionamientos relacionados con los indultos, con la amnistía, con Puigdemont, que él mismo ha tenido que salir a aclarar y puntualizar.

Una de las hipótesis que pudieran explicar estas filtraciones del PP era adelantarse a la amenaza de Puigdemont, de que fuera él quien explicara el contenido de esos contactos mantenidos con los populares el pasado verano. Sin descartar que el prófugo tenga esa intención, que la llevará a cabo cuando más le convenga, el error de bulto del PP y por tanto de Feijóo fue precisamente reunirse con Junts el pasado verano, cosa que nunca debería haber hecho. Como ha dicho este lunes Isabel Diaz Ayuso: "Yo con Junts no voy ni a la vuelta de la esquina".

Tras los resultados de las elecciones generales del 23-J, donde conviene recordar que el PP ganó, pero no sumó lo suficiente con VOX para formar gobierno, los nervios se apoderaron de la calle Génova. Aparte de los contactos con el PNV —el partido que apoyó la moción de Sánchez contra Rajoy y que dejó muy claro desde el primer momento que nunca apoyarían la investidura de Feijóo, si en la ecuación estaba VOX—, los dirigentes populares decidieron sondear las condiciones que pondría Junts para apoyar una hipotética investidura de Feijóo.

Solamente plantearse negociar con un partido que intentó dar un golpe de Estado en 2017, que tiene como líder a quien encabezó ese golpe, prófugo de la justicia, que ha dejado claro que lo volvería a repetir y que lo que persigue es la independencia de Cataluña, constituye un grave error, no sólo de estrategia, sino de coherencia con los principios que han guiado en este terreno al PP.

Ya dio alguna pista sobre esa estrategia equivocada, aquellas desafortunadas declaraciones del vicesecretario de Relaciones Institucionales del PP, Esteban González Pons, sobre lo que pensaba sobre el partido de Puigdemont: "Junts es un grupo parlamentario que al igual que ERC, más allá de las acciones que cuatro personas, cinco o diez, las que fueran llevaron a cabo, representa a un partido cuya tradición y legalidad no está en duda", dijo el pasado mes de agosto el dirigente popular, queriendo subrayar que Junts era una continuación de la antigua Convergencia. Craso error.

En estos cuatro días que quedan de campaña, estas declaraciones de intenciones del PP —aclaradas después por el propio Feijóo— van a estar en el centro del debate, bien jaleadas por los partidos del Gobierno, por sus socios y por sus medios afines, que son muchos. Ha sido una munición que de forma torpe y gratuita los populares han regalado a Sánchez, después de una semana, en la que el Presidente del Gobierno había recibido numerosos reveses: la declaración del Parlamento Europeo para que se investigase las conexiones del independentismo catalán con el régimen de Putin; la votación por goleada (12 a 3) de los fiscales de Sala del Tribunal Supremo considerando terrorismo, y dando por tanto la razón al juez Manuel García-Castellón, los hechos acaecidos en Cataluña tras la sentencia del procés; las manifestaciones de los agricultores por toda España; la desgraciada muerte de dos guardias civiles en Barbate causada por las narcolanchas de unos narcotraficantes, dejando en evidencia la falta de medios de la Guardia Civil para combatir estos delitos, algo de lo que es responsable el Ministro de Interior.

El domingo, reitero, hay unas elecciones muy importantes en Galicia. El PSOE quiere a toda costa —aupando al BNG a la Presidencia de la Xunta— echar al PP del gobierno autonómico, para avanzar en el proyecto de Sánchez, de consolidar un frente popular en diversas regiones de España (Cataluña, País Vasco y Galicia). El PP se juega, no sólo seguir gobernando en una Comunidad Autónoma donde lo ha venido haciendo los últimos dieciséis años, sino la consolidación o no del liderazgo de Feijóo. Errores como el cometido en las últimas horas, quizás no tengan una influencia muy grande en el resultado del domingo, pero si desconciertan, y mucho, a los militantes y votantes del PP en toda España, que han sido convocados en los últimos meses en diversas ocasiones a manifestarse en la calle contra la amnistía y los indultos.

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